Las huellas dactilares compatibles con el ex prefecto Pablo Julio Paz (54) encontradas en la caja de zapatos donde la familia Knack guardaba su dinero; el hallazgo de rastros genéricos del mismo Paz y cabellos de Juan Ramón Godoy (47) en un trozo de media fina -tipo capucha- encontrada en la escena del crimen; el llamado anónimo que el 26 de mayo del 2014 apuntó la investigación hacia el taller del chapista Marcial Benicio Alegre (54) y la declaración de Cristian Knack (25) en el hospital Madariaga de Posadas antes de su deceso, sobresalen entre los elementos de prueba que consideró el Tribunal Penal Uno para condenar a prisión perpetua a los tres imputados por la masacre de Panambí.
Asimismo, fueron varios los testimonios que comprometieron al trío, entre ellos tres ex familiares políticos de Godoy que pusieron en dudas su principal coartada que indicaba que el 25 de mayo del 2014 no salió de la localidad de San Javier, donde residía.
En tanto, una mujer y su concubino afirmaron que el mismo 25 a media mañana observaron un VW Bora gris en cercanías de su casa, en un camino vecinal del kilómetro 13 de Panambí. Godoy tenía un Bora gris.
Los mismos testigos indicaron que un vecino les contó que el coche rozó una rama en una alcantarilla de la zona, lo que a decir de los peritos que analizaron el rodado, habría dejado una marca en el lateral del Bora.
Si bien las armas halladas en poder de Alegre no tuvieron relación con el hecho, en el lugar también fueron encontrados dos pasamontañas. También lo complicaron las llamadas que se cruzó con Paz en la mañana del 27 de mayo, cuando la Policía allanaba su taller.
Y si bien es cierto que muchos de los 49 testigos y peritos que prestaron declaración evidenciaron problemas para recordar detalles de lo que vieron o escucharon en las horas previas y posteriores al fatídico 25 de mayo, para los jueces Francisco Aguirre, Lilia Avendaño y Jorge Erasmo Villalba hubo elementos suficientes para imponer la máxima pena.

La voz de Cristian
Tal como quedó probado en el debate oral, los autores del hecho actuaron con extrema crueldad, ya que redujeron, torturaron y quemaron vivos al empresario maderero Oscar Knack (43), a su esposa Graciela Mabel Mojsiuk (42) y a sus hijos Cristian y Bianca (12).
El matrimonio y su pequeña hijas fallecieron a las pocas horas del hecho, mientras que el hijo mayor agonizó durante 36 días en el hospital Madariaga de Posadas, donde antes de su deceso aportó datos que resultaron claves en la investigación del caso.
El subcomisario Hugo Omar González, jefe de la División Investigaciones de la URII, participó en la recepción de la denuncia de Cristian.
“Mencionó lo que ocurrió el 25, que fue a Corrientes a traer dinero por la venta de madera y que era la primera vez que traía mucho dinero. Llegó a la casa y el papá contó el dinero. Le sirvieron un pedazo de torta y se sentó a mirar la tele con la hermanita. A la media hora, por la parte posterior de la vivienda ingresaron cinco personas con ropa oscura. Uno tenía un hierro y otro un revólver. Lo tiraron al suelo, los golpearon. Primero lo llevaron a él a la habitación de la hermanita, lo ataron de pies y manos, lo golpearon. También al padre. Al rato trajeron a la mamá y a la hermanita y las ataron. El dinero estaba en un ropero, adentro de una caja de cartón cubierta con una sábana”, precisó.
El muchacho contó que los rociaron con alcohol y los quemaron vivos. Él logró saltar por la ventana hacia el patio y se revolcó en el pasto para apagar el fuego, instancia en la que reconoció al “prefecturiano o ex prefecturiano” que les compraba madera en el aserradero. “Dijo que hubo un incidente porque era fresco con la madre; al padre no le gustaba y dejó de venderle madera. Dijo que el nombre estaba registrado en un cuadernito. Luego salió a pedir ayuda a la calle y fue cuando vio el VW Bora gris. Se acercó al vehículo y observó que en el interior estaban las personas encapuchadas y el prefecturiano que identificó en el patio”, agregó González.

Los parientes de Godoy
Raúl Rodríguez Quevedo (30), quien al momento del hecho era concubino de una sobrina de Godoy, se presentó ante el Tribunal y contradijo la coartada del acusado.
Afirmó que una semana antes de la masacre, Godoy le comentó que “le ofrecieron para que participe en un hecho, un atraco a un aserradero. No me dijo el lugar, sino que él iba a ser el chofer. Que iba a conseguir 50 mil pesos por ese hecho”.
Rodríguez Quevedo mencionó que el día del hecho llovía y aprovechó para dormir un poco más. Afirmó que no almorzó con la familia de Godoy ni estuvo en la casa, como señaló el ahora condenado.
“Más o menos a las 21 o 22 vi que estaba lavando su auto. La semana anterior al hecho él estaba muy nervioso por problemas financieros y le presté 500 pesos”, aseguró.
Neusa Teresita Dos Santos (68), ex suegra de Godoy, aseguró que el 25 de mayo regresaba de una fiesta en la Capilla María Auxiliadora y se cruzó en la ruta con el sujeto, que conducía su Bora.
Comentó era alrededor de las 18, 18.30 y su ex yerno se dirigía con sentido a la localidad de Mojón Grande. Esta versión contradijo los dichos de Godoy, quien manifestó que ese día no salió de San Javier.
En tanto, su ex cuñado José Humberto Pérez (43) aseguró que Godoy tenía fama de estafador y en una ocasión le propuso hacer una “entradera”.
Pero la acusación más grave fue contra Alegre, ya que mencionó que le propuso traficar droga, organizar un asalto y “quemar todo para que no quede ningún testigo. Que la mafia no jode”, subrayó.

Huellas y ADN
En su alegato, la fiscal Miriam Silke subrayó que la llamada anónima que apuntó la investigación hacia San Javier y la declaración de Cristian fueron reiteradamente cuestionadas por la defensa y, a la vez, avaladas por las distintas instancias judiciales.
“Pero nunca reclamaron los resultados de ADN ni de las huellas dactilares. Nunca ofrecieron peritos de parte ni se opusieron a las mismas”, remarcó.
Asimismo, mencionó que dieron con una huella que resultó coincidente con una alpargata secuestrada en la casa de Paz, ya que “el desgaste” refleja pisada de quien la usa.
Sobre el hallazgo de las fracciones de huellas dactilares compatibles con el ex prefecto, mencionó que Cristian comentó que los delincuentes usaban guantes con los dedos cortados.
“Se encontraron dos fracciones de huella que en total coinciden en 20 puntos característicos, de los 12 sugeridos por protocolo”, agregó.
En la misma escena del crimen fue hallada una barreta de hierro que coincide con los dichos de Bianca y Cristian, quienes afirmaron que los malvivientes irrumpieron armas con una barreta y un revólver.
Al respecto, la fiscal manifestó que “se encontró una capucha de fabricación casera con restos de vegetación y ocho fibras de cabello”, material que fue analizado y determinó “fluidos biológicos coincidentes con ADN de Paz y cabellos coincidentes con ADN de Godoy”.
“En la denuncia de Cristian, casi un mes después del hecho, surgió que el prefecturiano o ex prefecturiano compró madera un par de veces y que su padre celó de él. Añadiendo el mismo Cristian que el nombre debía estar en un cuaderno donde su mamá anotaba las ventas. Su hermano confirmó que esto era así, pero en ningún cuaderno se encontró el nombre de Paz”, reconoció Silke.
Para cerrar su idea, especuló con que “el cuaderno se pudo haber quemado” o la señora Knack “lo tiró para no tener conflictos con su esposo” debido a los celos expresados.

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