“El país se está tiñendo de amarillo” palabra más, palabra menos, expresó días atrás de las elecciones legislativas, Juan Manuel Urtubey, gobernador de Salta y uno de los políticos jóvenes del peronismo que cierra en los cálculos electoralistas de los seguidores de ese signo político, apareciendo como un claro precandidato en las
presidenciables 2019.
No, no queremos decir que no lo pueda ser, pero lo que resaltamos es que en las recientes elecciones legislativas, el FpV salteño perdió escaños de senadores y diputados ante Cambiemos lo que no dejó de ser una sorpresa que bien encaja en la premonición del gobernador.
Y esa ola amarilla producida por Cambiemos fue efectiva y de rápida acción a nivel país –si consideramos que su currículo político comenzó a escribirse con letra “gorda”
a partir de las presidenciales de 2015- y de tal fuste que su triunfo alcanzó a todos los grandes distritos electorales del país representados por CABA, Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Santa Fe, además de otros menores, mejorando performances obtenidas en las PASO.
Si agregamos a esto el clima calmo que se exhibió durante el comicio-país, bastante reñido con la puja preelectoral , tiempo en que se agitan todos los “fantasmas” que puedan hacer pilotear el voto del ciudadano en una u otra dirección en este hoy de la democracia que iniciamos en 1983.
Fácil resulta así presentar un esquema formal de los recientes comicios legislativos país, pero no tan fácil resulta tratar de comprender cuanto hace al actual elector-ciudadano que, en cumplimiento de su derecho-deber, emite el voto en estas primeras décadas del siglo XXI en el que va contando con los elementos necesarios como para ir estructurando una sociedad que entendemos en plena evolución (¿ebullición?) en la que el individuo estaría tratando de compatibilizar fuentes y directivas tradicionales utilizadas en tiempo pasado con lo obtenido por su ingreso al gran espectro mundo-virtual, hoy a su alcance, actualizando así ubicación socio-política que contenga las nuevas expectativas de la gente.

Provincia: Frente Renovador de la Concordia
“Modelo tal vez único en el país”, aseveró, aquí también, palabra más, palabra menos, su conductor, el ex gobernador de Misiones, y actual presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, ingeniero Carlos Rovira en ocasión de celebrar el triunfo obtenido en las Legislativas/17, oportunidad en la cual el gobernador, Hugo Passalacqua, más que satisfecho por los resultados electorales obtenidos que, prácticamente, han aprobado su gestión, delineó la idea motor que impulsa a la Renovación que no es otro que en el marco del respeto y trabajo conjunto con la Nación, cuando así corresponda, sin que por ello se deje de poner el mayor énfasis, priorizando la defensa a carta cabal de los intereses de los misioneros.
Esta fuerza política joven (compatibiliza en su haber la obtención electoral de una sucesión de tres gobernadores) que entronizó la imagen de Andrés Guacurarí como fuente raíz de lo misionero, ofrece la imagen de una provincia ordenada, que como bien lo dice su slogan es “Tierra de oportunidades” y fuente de un cada día mayor auge del turismo que, si bien tiene como estrella a las Cataratas “maravilla del mundo”, cuenta con tantos otros atractivos turísticos que hacen que esté permanentemente visitada por gente de todas las latitudes.
Si a todo esto le agregamos el empuje económico que se está dando a la industria y el contacto fluido con la gente, como así la atención a abrir las puertas provinciales al mundo.
¿Será por ello el triunfo electoral en las legislativas 17 que permitieron mostrar a sus protagonistas a la Renovación como “Modelo tal vez único en el país”?

Tradición, algo propio y profundo
La tradición de un país es la “transmisión” de sus valores espirituales y culturales a las nuevas generaciones para que éstas las asuman.
La palabra tradición deriva del latín: traditio-önis y quiere decir donación o legado.
La tradición es un conjunto de costumbres, ritos y usanzas que se transmiten de padres a hijos, a lo que podríamos agregar que es una transmisión de noticias, composiciones literarias (en prosa o en verso, de un suceso transmitido por tradición oral), doctrinas, que van de generación en generación; como también lo es la noticia de un hecho antiguo transmitido de este modo
La tradición de un pueblo es aquello que lo identifica y diferencia de los demás, algo propia y profunda, por lo tanto cada comunidad tiene sus propias tradiciones, las que se manifiestan en el modo de vivir, en el arte y se conservan a través del tiempo.
Sin tradición no hay continuidad histórica, no hay permanencia nacional, no hay identidad.
Pongamos por un momento los ojos en nuestro Paraná y en nuestra Misiones y, a través de don Alberto Roth y su libro “Todo Mate”, desgajemos tradición: “…Sin darme cuenta vuelvo a mi infancia. Flores, barrios de casas chatas, galerías y patios; atardeceres en los que la ronda familiar y un mate de mano en mano eran el símbolo que transformaba esa sencilla imagen en un cuadro de aire señorial. Donde cada mateador, familiar o amigo, de pronto adquiría un porte hidalgo al recibir en estricto turno el mate espumoso y calentito, durante este ritual que se repetía todas la tardes.
De don Alberto Roth y su obra “Todo Mate”, opina Alberto León Jeifetz , avalando le concepto de tradición: “Su obra se esparce por el tiempo y el espacio, no tienen dueño y a todos nos pertenece, no tiene destinatario y todos la heredamos…”
El fervor de un chamamé a pura fibra sacándole el alma con el alma a la “verdulera” y trasmitiendo vivencias ancestrales a los bailarines que olvidan con sus contorsiones cualquier otro motivo que no sea hacerle honor a la música. Eso es tradición.
Y toda esa vivencia de Roth cuando habla del mate y su influjo en suelo misionero, no hace sino enmarcarse dentro de la rica tradición argentina que surgió en las pampas, remontó el Paraná hacia el norte, internándose profundamente en ambas orillas del río y se deslizó hacia el sur zigzagueando tierra adentro en nuestro extenso litoral marítimo
Pero si hay algo que puede considerarse como un hito para la comprensión del tema, ese algo está dado por el rico refranero criollo que también engrosa la tradición y que nos obliga a señalar que el refrán se tornó tal, cuando fue pasando de boca en boca, de año en año y que, al fin de cuentas es la suma de las experiencias resumidas en pocas palabras.
El refranero criollo nace de la fusión del antiguo refranero español con el aporte americano, e hilando más fino, diríamos que esa sentencia, juicio, advertencia o deducción, floreció en las pampas de la mano del gaucho, ese prototipo criollo que cobró notoriedad merced a los buenos oficios de poetas y escritores encuadrados en la llamada literatura gauchesca y que exalta a un máximo su figura hasta colocarlo como una raíz nacional, cuando aparece la obra de Ricardo Güiraldes, su novela más conocida, “Don Segundo Sombra” en el año 1926.
La aparición de la palabra gaucho, ofrece distintas vertientes. Entre las hipótesis más difundidas deben mencionarse las siguientes; del quechua, guacho, animal que ha perdido su madre; del araucano gachu, proviene de huaso o guaso, como en Chile, gente del campo; del portugués garrucho, muy extendido en Río Grande del Sur, zona de las primitivas vaquerías y del contacto con los desgarrete adores (cortar el garrón a los vacunos para cuerearlos). Además la historia del nombre llama a puntualizar otras denominaciones como vagabundo o vagamundo (1642), changador (1734), gauderio (1746); gaucho que aparece hasta las últimas investigaciones en el año 1771, sobre la Banda Oriental; guasos (1789); camilucho (1798).
Constituían una pléyade de desheredados que habitaban la pampa en la segunda mitad del siglo XIX, acorralados por un progreso ciudadano que nos los contenía a pesar de haber sido protagonistas en las luchas por la independencia y haber hecho su aporte en función de patria.

 

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Categorías: Columnas de Opinión

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