Ella camina por el Parque de las Naciones entre los visitantes a la fiesta. Su mirada se posa en las casas típicas de las colectividades. Su rostro refleja orgullo y la sonrisa confirma su felicidad. 
“Hace 38 años que vivo la fiesta, así que para mi, si no vengo no vivo”, sentencia Ángela Androszczuk, una de las fundadoras de la colectividad polaca, que a sus 77 trabaja a la par de los más jóvenes.
En el parque todos la conocen. Todos la saludan. Todos ven dichoso su andar. Un bastón la ayuda de un lado y en la otra mano agarra firme a sus nietos. “Él es uno de mis nietos, está en el ballet de la colectividad”, cuenta y lo mira sonriente al pequeño Lucas Okulczyk.
Es que doña Ángela es un verdadero pilar en la Fiesta Nacional del Inmigrante, aunque su ascendencia directa es ucraniana, su esposo era polaco, había llegado a estas tierras huyendo del desastre de la Segunda Guerra Mundial.
“Mi marido vino desde Polonia con 8 años a una colonia polaca que se instaló en Brasil”, rememora. Luego se asentó en Misiones.
“Tengo que dejar algo de mi país a este país que me dio todo”, era la frase que usaba Enrique Okulczyk, el esposo de doña Ángela y ella lo sigue recordando encantada por todo lo que dio por la colectividad polaca. “Argentina le dio todo, por eso se esmeró tanto en esta casa”, lo añora.
Don Enrique fue el encargado de construir con sus manos la casa polaca que hoy se ve dentro del predio donde se realiza la gran fiesta obereña. “Cuando hizo la casa desde Polonia lo condecoraron por ser un monumento fuera del país”, señala ella.
La casa es una fiel réplica de una cabaña montañesa, con techo a dos aguas cubierto de tejas hechas en madera, paredes exteriores en madera, anchico y las interiores forradas con machimbre de paraíso e incienso. Tiene como detalle una ventana alta que llega hasta el techo. En una de las paredes se encuentra tallada en madera la virgen de Czestolhowa (virgen Negra) de Polonia, entre otros destaques.
De la primera fiesta, doña Ángela recuerda que “éramos unas siete colectividades en esa primera edición que se hizo en el complejo Ian Barney. Ahí a mi hija mayor la seleccionaron como la primera reina polaca y cuando se hizo el primer desfile de las reinas de las colectividades había cinco mesas que no se llenaron. Sin embargo, cuando se hizo el acto final, de cierre de la fiesta, no se pudo entrar al salón por la cantidad de gente que había, ahí comenzó el boom”.
Hoy doña Ángela  Androszczuk viuda de Okulczyk sigue estando al frente de la cocina en la casa polaca. Quien visite esta colectividad la verá, literalmente, con las manos en la masa, su especialidad sigue siendo el pan casero.
Su esposo desde el cielo la guía y hoy son sus nietos quienes la acompañan cada noche de fiesta y siguen manteniendo vivas las raíces polacas.
Doña Ángela, además de ama de casa y fiel colaboradora de la cocina polonesa, se desempeñó como docente durante 33 años. Trabajó en una colonia en Campo Ramón y como en aquel entonces no había colectivos, era la encargada de trasladar en el auto familiar a los maestros hasta la escuela.
Su anecdotario en la zona Centro es infinito y quien escriba un libro contando su historia de vida deberá plasmar muchos capítulos porque su labor no se restringe a la fiesta, sino que continúa el resto del año colaborando en el Rotary Club o en la Feria Provincial del Libro.

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Territoriodigital


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