¡Qué bueno vivir en democracia! nos dijo un debutante en lides electorales ciudadanas, otro mayor acotó, sí, pero… de que democracia me hablas y, como no se da casi nunca el dos sin tres, no nos extrañó que apareciera un tercero el que selló un lapidario, si lo decís por las elecciones, votamos por que nos obligan que sino! Y fue entonces cuando habló un niño mayor, de esos que a través de la electrónica encontró un auxiliar presto a hacerle ganar etapas culturales de vida sin mutación de años, quien asombró con un simple ¡el voto es vida, votando valés como ciudadano, yo quiero votar!
¡Vaya, vaya! que se nos cayeron a pedazos las letras casi centenarias que podríamos haber empleado si nos poníamos el traje de politólogo, el smoking de historiador, el traje de analista político o siquiera el de batalla del político y nos quedamos repitiendo “el voto es vida, votando, valés como ciudadano…”
¡A, sí! como ciudadano que fue jefe de mesa electoral en varias oportunidades allá cuando el territorio pasó a ser provincia y con ello los misioneros pudieron votar tenemos alguna anécdota que nunca olvidaremos, por lo que vale por su simbolismo inmigrante-.patriótico. Sucedió en una mesa ubicada en la escuela 305, a una señora ya de edad, tras haberle firmado el sobre, ingresó al cuarto oscuro, pasaban los minutos y no aparecía a entregar su voto, resolvimos ir en su búsqueda y allá estaba sentada en una silla, señora ¿y su voto? Allí está, nos contestó y nos indicó un gran cuadro del general San Martín y manera de explicación nos dijo, palabra más, palabra menos: “para que lo cuide”.
Otra muestra de solidaridad política ciudadana que merece conocerse la dieron los integrantes de la Comisión de Fomento: 1943/46, Orlando Gil Navarro, Faustino Bertoldi, Eugenio L. Rodríguez, Luis Mario Morchio y Odd Bothner quienes a consecuencia de la suspensión de elecciones dispuestas por la autoridad nacional según resolución de fecha 19 de marzo de 1946, elevaron colectivamente sus renuncias en señal de solidaridad con el defraudado pueblo de Oberá y a modo de protesta por la insólita e inconsulta medida.
Y bien, ahora a prepararnos para la legislativa de octubre, agradeciendo vivir en democracia.

Damos vuelta la página
Queriendo ilustrar otros tiempos político- militares argentinos esta vez con epicentro en Buenos Aires todo un ayer histórico, para lo cual transcribimos parte de una breve biografía familiar que nos llegara por parte de madre y que involucra a mi abuelo, Manuel González Maydán.-
“Allá por el año 1873, un día un viejo amigo alsinista (1) amigo a la vez del comandante Fermín Montes de Oca, caudillo alsinista del pueblo de Las Conchas, me presentó diciéndole que yo era un pequeño estanciero, vecino del partido que tenía muchos amigos que estaban agregados en mi casa y algunos peones, que, como venían las elecciones de Presidente y la contienda sería fuerte, había que aprovechar debidamente todos los elementos y en tal sentido me recomendaba.
Montes de Oca me interrogó sobre que elemento era el que albergaba en mi establecimiento, le dije que eran trabajadores, cazadores, cortadores de paja, nutrieros, leñateros, etc. y algunos muchachos que, por haberse encontrado en algún bochinche, la policía los perseguía, pero todos eran “criollos buenos”, salvo que andaban fuera de sus hogares por esas causas.
El comandante me dijo que trataría de traérselos a todos a las elecciones y que yo también iría, pero le puse el inconveniente de que era menor de edad. Pero me habilitó la edad enrolándome y dándome hasta papeleta para que estuviera en condiciones a pesar de no tener más de 14 o 15 años; yo, que simpatizaba con Alsina y con las promesas que se me hacían y garantías de que nadie nos molestaría, que él garantía por todos, etc. me animé y vine con todos los que quisieran acompañarme y casi todos lo hicieron.
En San Fernando los caudillos eran dos tenderos, alsinista Don Pío Croce y Mitrista Don Bartolo Martínez. El comandante era amigo de Don Pío y le ayudaba en lo que podía políticamente, de modo que a nosotros y otros más nos mandaban a ayudar a aquel; Don Pío nos halagaba en lo posible con comidas, bebidas, etc. y nos proveía de facones cabo de madera y revólveres para enviarnos al atrio a quitar los registros, desalojar a los adversarios. Algunas veces teníamos batallas campales, y otras, las más se retiraban por prudencia (según decían) y nos dejaban en completa libertad, de modo que nunca perdíamos, porque si íbamos mal (el voto era a la vista), ya estaba el bochinche en puerta y, como siempre la sacaban mal, optaban por retirarse, pero el 24 de septiembre de 1874 estalló la revolución, Montes de Oca movilizó su escuadrón y nombró su oficialidad, a mí me dio el grado de alférez de la 1ª. compañía.
Íbamos a marchar a Entre Ríos a combatir al general Arredondo (revolucionario) cuando se encontraron las fuerzas de éste con las del general Ibansmarsky, éste los derrotó y tomó prisionero a Arredondo; poco después tuvo lugar la batalla de “La Verde” donde el entonces coronel J.I.Arias derrotó y tomó prisionero al general Mitre.
Terminada la revolución nosotros estábamos esperando órdenes de nuestro campamento de las Barrancas de Belgrano, detrás del paseo que en esos tiempos existía allí la Iglesia vieja, el día que fue tomada la cañonera “Paraná” los soldados subieron al campanario y echaron las campanas a vuelo, haciendo saltar las campanas hasta dejarlas casi inútiles. Luego fuimos todos licenciados.
A ese tiempo el coronel Olascoaga formabas un cuerpo expedicionario a los ”Andes” para la demarcación de las Altas Cumbres. Línea divisoria con Chile. El comandante Montes de Oca me hizo incorporar con grado de alférez, cuando estábamos en Mendoza nos tomó una epidemia de viruela negra que nos diezmó, cayendo entre las víctimas el teniente abanderado, entonces en su reemplazo me nombraron abanderado en comisión Un año duró la expedición. Cuando volvía a Belgrano, mi hermana única no quiso por nada que siguiera la carrera militar a pesar de que el coronel Olascoaga me prometía hacerme reconocer el grado de teniente 1º.
Continué en el partido autonomista con Avellaneda, después denominado de Conciliación, Roquista, Conservador y Demócrata Nacional-
El 15 de octubre de octubre de 1890 fui nombrado Comisario de policía, destinándome al partido Las Heras, con amplias facultades para cambiar políticamente al personal policial que se creía en el gobierno que era radical. No hice cambio alguno e instruí a un oficial que actuara con guante blanco, saliendo a recorrer la campaña del partido, haciéndome conocer por todos los estancieros averiguando las novedades inspirándoles confianza no tardó en ponerse de acuerdo uniéndose al partido del gobernador que finalmente ganó las elecciones
Después de 1898 hice la campaña electoral, contribuyendo con cuanto podía para llevar al gobierno al Dr. Bernardo de Irigoyen, por indicación del Dr. Carlos Pellegrini…”
(l) Adolfo Alsina. 4º vicepresidente de la Nación (1868/1874)

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Categorías: Columnas de Opinión

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