La vida, esa sucesión de jornadas que nos tiene como protagonistas sin que conozcamos el libreto diario el que, una vez desenvuelto, nos hace querer retenerlas u olvidarlas, ¡oh romanos del ayer, muy ayer, con sus días fastos y nefastos!, sin embargo y tal como resultare el balance, seguimos a ultranza contemplando amaneceres y crepúsculos olvidándonos del paso inexorable del tiempo hasta que, por aquí y por allá vamos advirtiendo, unos más, otros menos, que ese por aquí y ese por allá nos va enviando señales claras que en la gatera de la vida, felizmente, aparecen como briosos los postulantes que aspiran a recorrer esos hitos que encresparon tus amaneceres y tus crepúsculos.
Y así como así un día como otros vividos, allá por los finales del 80 y comienzos del 90, se fue pregonando y tomando estado público una necesidad que venía de la década anterior en que eclosionó fuertemente el interés ciudadano por conocer la historia local, inquietud que revelaba una idiosincrasia que respondía muy bien al Oberá de ayer, atípico en su colonización inmigrante sin contar con pobladores originarios en su ejido, atípico en su vertiginoso crecimiento, atípico en querer bastarse a sí mismo, atípico en su pronto paso de pueblo a primera ciudad poblada en el interior de la provincia y con todo ello, lo que ya nos parece suficiente blasón, develamos esa necesidad que enunciamos más arriba y que respondía a querer ordenar un pueblo de “crecimiento hongo” y, en ese pretendido ordenamiento se fue considerando que tantos buenos afanes por relatar el amanecer histórico del pueblo tenía que ser ordenados a través de la investigación e interpretación de documentos con el fin de que su breve, pero lúcida historia , no se vea jaqueada.
Aquellos días en que se planteó la necesidad apuntada pueden quedar reflejados, explicados y literalmente conocidos con la reproducción que pasamos a hacer de la nota editorial de Pregón Misionero del 11 de octubre de 1991:
“JUNTA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS. Si bien “Todo es historia”, aunque más nos gusta “todo pasa a ser historia”, no nos vengan con la historia de que no se conoce la historia para contarnos en definitiva cualquier historia. Es por ello que consideramos de urgencia que la Municipalidad a través de la Dirección de Cultura, apresure sus intenciones de dejar constituida la Junta de Estudios Históricos de Oberá, una idea que se viene acariciando desde hace algún tiempo y que posibilitará que no nos suceda a los obereños lo que, utilizando un juego de palabras, decimos más arriba. Oberá tiene la suerte de que en su corta historia ha contado con gente voluntariosa que la ha querido contar, pero cada cual a su manera que se remite a la mayor o menor información del narrador, así como a su mayor o menor esfuerzo investigativo y que por cierto que se dan casos en que un simple cambio de palabras da origen a la celebración de algo o a la narración de un hecho histórico lugareño. Como consecuencia de todo esto, el foráneo que quiere escribir o hablar sobre un tema relacionado con la historia de la ciudad, puede caer al pantano a que lo lleva la fuente que ha consultado y que puede estar viciada de los males que apuntamos más arriba. Como prueba de lo que decimos mencionaremos dos cosas, una de historia menor y otra de historia mayor, de la que tuvimos conocimiento recientemente; el primero, la celebración de los veinticinco años del, Centro de Estudiantes Secundarios, institución que está por los veintisiete años de vida; la segunda, la continuación de una polémica que nunca debió surgir, y que se relaciona con el origen del nombre “ Oberá” ya que en los libros históricos de las escuelas primarias de nuestra ciudad, en la década del 30, o sea a poquísimos años de su fundación se mencionaba únicamente al cacique Oberá como quien dio origen al nombre.
¿A qué se debe la polémica? se preguntará el lector. Lo que sucede es que ese voluntarismo del que hablamos antes, iluminó a gente importante de la colonización a punto tal de transformar una nomenclatura administrativa en una epopeya, o, en último caso, anecdótico y, jugando con el idioma guaraní, la selva, el hachero y el cielo conformaron una explicación del origen del nombre Oberá.
Nos guste o no, ese legendario y controvertido cacique que se entretuvo mezclando su figura humana con una suerte de aureola divina y que ya figuraba en los libros de historia de principios del siglo, contrariando o no al no menos legendario Juan de Garay y obligándolo a perseguirlo en sus correrías por las tierras santafesinas, es de quien obtuvimos por herencia el nombre de Oberá que de igual forma se lo llamaba sin cambiar letra alguna. De todos modos hay algo innegable y es el hecho de que, con errores o sin errores, mucho se ha priorizado el tema lugareño en el quehacer comunitario y, por lo tanto, la tarea de emprender por parte de la Junta de Estudios Históricos si ve la luz, va a estar en parte allanada. No será fácil el camino, nada de eso, pero su labor se podría ver aliviada y en consecuencia los frutos podrán llegar más pronto. Cabría una reflexión que consideramos de peso para justificar esta creación y ella está dada en el importante aporte que significará para la investigación de comportamientos, actitudes y conductas de los obereños para quienes tengan que estudiar en profundidad la realidad local, con miras a su futuro. Contar con los datos ciertos de los elementos que contribuyeron al surgimiento regional con centro en Oberá, abrirá muchas puertas y permitirá una mayor comprensión de los problemas que nos aquejan así como la obtención de soluciones para los mismos. Finalmente traemos a la memoria el epitafio que uno de los primeros periodistas obereños e historiador local, Lloyd Wickstrôm, dispuso se colocara en su tumba a su muerte y que dice; “No tergiversen la historia de Oberá”. En eso estamos”

Así nació la Junta
Corría el año 1990, más exactamente el 21 de agosto de ese año, cuando el Concejo Deliberante dicta la comunicación Nº 22/90 por la que, con la firma de su presidente, Carlos Raúl María Judais, se dirige al intendente municipal comunicándole que “vería con agrado que el Departamento Ejecutivo disponga los medios necesarios para el rescate y organización del Archivo Histórico Municipal…”
El 5 de marzo de 1992, el mismo Concejo dicta, con la firma del vicepresidente, Pedro Ricardo Santander, la Ordenanza 004/92 que en sus considerandos dice “Que el Departamento Ejecutivo solicita la creación del Departamento de Archivo Histórico Municipal; Que la necesidad de reunir, clasificar, organizar y conservar los fondos documentales, restos materiales y objetos de valor histórico de la ciudad de Oberá” y en el artículo 1º dispone:” “Créase el Departamento de Archivo Histórico y Museo de la Municipalidad de Oberá, dependiente de la Dirección de Cultura, para reunir, clasificar, organizar y conservar los fondos documentales, restos materiales y objetos de valor históricos de la ciudad de Oberá”.
En su artículo 4º se dice: serán sus funciones: recopilación, conservación y difusión del material histórico, siendo generador de conciencia sobre la importancia de la conservación de los repositorios documentales y materiales de los que se halla inmerso el pasado de los pueblos”.
Por el artículo 5º se establece que el Departamento estará integrado por un Jefe de Departamento, un asesor técnico y una Comisión Asesora Honoraria, compuesta por vecinos representativos de nuestra comunidad.
Más adelante y por otra Resolución se crea la Comisión Asesora Honoraria y Junta de Estudios Históricos de la Municipalidad de Oberá, en la que se dice: …”Designar como asesores integrantes de la Junta a las siguientes personas: Prof. Aldo R. Gil Navarro, Dra. Teresa Morchio de Passalacqua, Prof. Hugo Amable, Prof. Ada Sartori de Venchiarutti y Contador Julio Boher y el Director de Cultura Municipal, que actuará como enlace con la Municipalidad de Oberá, Lic. Eduardo Morales Lezica”
El 10 de marzo de 1992 por Resolución Municipal Nº 130 se promulga la ordenanza Nº 004 del Concejo Deliberante, dando nacimiento a la Junta de Estudios Históricos.
En el transcurso de la primera reunión, la Junta quedó así integrada: Presidente: Aldo R. Gil Navarro; Vicepresidente: Teresa Morchio de Passalacqua; Secretaria: Ada Sartori de Venchiarutti, Vocal 1º, Hugo Amable; Vocal 2º Julio Boher, Coordinador municipal, Director de Cultura, Eduardo Morales Lezica.
Celebrando los 25 años de vida de la Junta se llevarán a cabo el próximo 9 de Julio la colocación de placas “Primera Junta” y “Junta Actual” en el Centro Cívico; entrega de premios del Concurso Literario relacionado con Oberá y su historia; sentido homenaje a los Ex miembros de la Junta que partieron dejando profunda huella en la historia de Oberá, Dra. Teresa Morchio de Passalacqua y Prof. Hugo W. Amable.

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Categorías: Columnas de Opinión

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