“La primera puñalada fue para mi hija, pero le atajé con la mano y me hincó a mí. Cuando me di cuenta, él estaba arriba mío y me dio unos puntazos en el cuello. Caí al piso, toda sangrada y le decía que me deje. Pero él agarró un machete y me pegó en la cabeza. Ahí pensó que me mató. Salió, llaveó la casa y se fue”, recordó Yésica Daniela Gallardo (21), sobreviviente de la violencia de género.
A once días del brutal ataque que casi le costó la vida, la joven se recupera en casa de sus tíos, en Cien Hectáreas, donde fue albergada junto a dos pequeños hijos de tres y un año.
El agresor fue Eleuterio Encina (60), quien luego del hecho se quitó la vida lanzándose debajo de un auto que transitaba sobre la avenida Pincen, en inmediaciones de la ruta nacional 14.
El hecho ocurrió el domingo 7 de mayo pasado en la casa que compartían en el barrio San José de esta localidad. Claramente, el agresor quiso asesinarla y le ocasionó heridas cortantes en el rostro, cuello y cabeza, sectores sensibles del cuerpo.
Dos cicatrices le cruzan la cara y serán de por vida las marcas de la locura desatada. Por las noches, reconoció, la sobresaltan pesadillas que reviven una y otra vez el momento del ataque.
“Yo pensé que me moría, porque me lastimó mucho, pero Dios hizo un milagro y me salvó. Puedo decir que nací de vuelta. Ahora quiero recuperarme y salir adelante con mis dos hijos”, comentó emocionada hasta las lágrimas.
Estuvo internada cinco días y fue dada de alta, ya que los profesionales del Hospital Samic consideraron que su estado general es bueno y corría riesgo de contraer una infección intrahospitalaria.
Aún está muy dolorida, pero tranquila, al tiempo que aseguró que ya había denunciado al sujeto y que volvió con él por miedo, ya que la amenazaba constantemente.

Tragedia anunciada
Ayer, El Territorio la visitó en casa de sus tíos, donde Gallardo reconstruyó pormenores de una relación conflictiva desde el vamos. Indicó que luego de separarse del padre de sus hijos, Encina le ofreció una pieza en su casa para que viva con los pequeños.
Tiempo después iniciaron una relación, pero el sujeto era extremadamente celoso, recordó.
“El 20 de marzo me fui con mis hijos a la casa de una amiga porque él me celaba demasiado. El 25 yo iba con mi bebé en brazos por la calle y me pegó mucho. Hice la denuncia en el destacamento, pero no sé si le detuvieron o no”, comentó.
En tanto, en los días posteriores el sexagenario la acosaba y le ofrecía plata para que volviera con él. “Me llegó a decir que si no volvía me podía pasar algo a mí y a mis hijos. Yo tenía mucho miedo porque era capaz de cualquier cosa. A los pocos días me convenció y hasta hoy me arrepiento de eso”, lamentó.
Pero la luna de miel duró menos de una semana. El sábado 6 de mayo por la noche la joven hizo dormir a su hija y se fue con el bebé a mirar televisión a casa de una vecina, se hizo tarde y pasó la noche ahí, precisó.
“Cuando llegué, tipo 6 de la mañana, él estaba muy enojado. Me insultó y me dijo que seguro estuve con un macho, pero le dije que no, si estaba con mi bebé. Ahí me dijo: ‘agarrá y prepará mate o te mato a vos y a tus críos’. Yo me reí nomás, pero en eso agarró un puñal que tenía y la primera puñalada fue para mi hija, pero le atajé con la mano”, recordó.
Luego tomó un machete y trató de liquidarla, tras lo cual cerró la casa y se escapó.

Volver a nacer
En su relato, la joven se sobresaltó al recordar ese momento límite y el terror que sintió por ella y sus pequeños.
“Apenas tuve fuerzas para abrir y salir por la ventana. Caí arriba de un banco. Chorreaba sangre por mi cuello y mi cabeza. Era como que me iba apagando. En eso les vi a mis abuelos sentados en el patio, los que me criaron. Ellos ya están muertos, pero mi abuela me habló y me dijo que tenía que ser fuerte por mis hijos, que todavía tenía mucho por delante. Que no era mi hora”, rememoró emocionada.
Y sus hijos fueron su motor en el peor momento. “Arrastrándome llegué hasta la calle y, como no podía hablar, empecé a aplaudir hasta que salió un vecino y me vio. Ahí avisaron a la Policía”, agregó.
En tanto, los vecinos y la familia lograron reconstruir los últimos pasos del agresor. Encina abordó un colectivo urbano en la parada de la plaza Boca Junior, de Cien Hectáreas, y le habría comentado al chofer que mató a su mujer, que estaba decidido a entregarse o se mataba. Finalmente optó por la segunda opción.
Si bien la Policía determinó que el sujeto tenía familiares en  Guaraní, nadie se hizo cargo de retirar su cadáver ni asistieron a su inhumación en el sector para indigentes del cementerio de Oberá.

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Territoriodigital. Foto: Dani Villamea


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