Eran las 6,27 cuando la luna, habiendo cumplido su diario cometido nocturno en campo nuestro, siguió su determinado recorrido yendo a iluminar otros horizontes. Fue entonces entre esa y esta otra hora, 7,40 anclamos mente y pretendimos iluminar ideas que, como nubes corridas por el viento norte, se nos enancaron y como pesadas mochilas rogando descarga nos pautaron viajar por aquí y por allá provocando un ir y venir de ideas que, atolondradas unas, chispeantes otras, todas y cada una dándonos fuerza interior para que las utilicemos, sin embargo- y como no podía ser de otra forma- todas ellas se referían a situaciones de un mundo enervado el que pareciera querer y no poder sacudirse de pesadas cargas que están acostumbrando al hombre a una falta de ética, de moral y que provocan violencia, acompañada de actitudes que nos colocan -a quienes venimos opinando desde tiempo- al margen de una competencia adecuada para poder explicar conductas duales que -como esquiadores en la nieve- tratan de imponer, con menor o mayor prepotencia- nuevas reglas de juego, más por imposición que por intuición de un futuro armado al que pareciera que, revelada la naturaleza decidió ir borrando paisajes y castigando tanto materialismo humano como diciendo ¡basta! a un mundo que no ha logrado plasmar en ideologías imperantes, soluciones factible hasta el momento.
   ¡Vaya! nos dijimos se puede notar que estamos “desasosegados” será cuestión de encontrar ejemplos, y así pensando nos fuimos a descansar de tantos entuertos (al mejor estilo de don Quijote) viendo el agua de nuestra piscina. Allí llegamos y ¡qué advertimos! una mariposa, de esas que muestran un 8 en las alas, asentadita en una manguera, toda ella temblorosa, tal vez porque el agua comenzaba a mojar sus alas.    No, no fuimos héroes salvándola, lo confesamos, sino simples observadores. Unos movimientos de alas, un esfuerzo y ¡a saltar  hacia un escalón!, allí un frenético batir de alas, como secándolas y tras unos segundos nomás, el vuelo, asentándose en un árbol de palta. ¡A vivir en libertad, caramba! Dicen los eruditos que el hombre es un animal social por excelencia, dicen los eruditos que tenemos raciocinio y, como decía el misionero de ayer, repetimos eso de… ¡será!
   Y bien, hablando de libertad ¿será eso lo que sintieron los inmigrantes llegados al Yerbal Viejo desde la convulsionada Europa de aquellos tiempos? Olvidando las cargas emotivas de más arriba, incursionemos en ese su nuevo mundo de entonces y entreguémonos a  aquella épica avanzada colonizadora:   “Peleándole al monte, se fue pergeñando el Yerbal Viejo que aparece así como el oasis redentor de tantas ansiedades y de tantas ilusiones entroncadas en la vieja raíz que los vio nacer y que, un buen día los despidió en la zozobra de un incierto porvenir.
   Y aquí llegaron, aquí sufrieron, aquí amaron, aquí se prolongaron en sus hijos y a la vuelta del camino, cuando llega la hora del recuerdo esas primeras lágrimas derramadas ante la supuesta impotencia de vencer a la indómita maraña, se transforman en un cariño a esta tierra que los recibió sin preguntarles de donde venían ni por qué lo hacían, brindándose generosa a sus requerimientos y haciéndolos partícipes de un  progreso personal que contribuyó a forjar el progreso comunitario de la región.
    Aquellos inmigrantes, trabajando codo a codo con los otros pobladores, fueron comprobando que la paz y la libertad, así como las posibilidades de la realización personal, eran atributos de esta joven América que, en el juego lógico del devenir de los pueblos, comenzaba a levantarse prometedora ante la vieja tierra que en aquellos tiempos, mostrando progresos indudables, también había desnudado falencias que provocaban el escape de su gente en busca de horizontes promisorios.
    Y así fueron adentrándose en la vida argentina a través de la escuela que pasó a ser el centro de irradiación nacional que encontró en el extranjero un cooperador excelente.
   Hijos de esta tierra de promisión, sus hijos y los hijos de sus hijos, nacidos argentinos con profunda convicción, dejaron en el recuerdo la epopeya colonizadora y aquellas viejas raíces que le dieron la existencia, pero en sus corazones perdura el cariño y el reconocimiento por el rostro ajado y patriarcal de aquel inmigrante que en su juventud azarosa les forjó el destino sudamericano y al que se le iluminaba el rostro hablándoles de su patria.
   Hoy, queremos brindar nuestro homenaje al inmigrante colonizador que, al fin de cuentas, fue uno de los mayores protagonistas para que este Oberá sea lo que es hoy, una ciudad con su idiosincrasia muy particular en el juego de las poblaciones provinciales, con ésta su gente dispuesta a protagonizar presente para aquilatar futuro y con un entramado social en el que se han conjugado nacionalidades de allá con ésta, nuestra nacionalidad, para ir conformando una identidad que será a la postre el resultado del encuentro en su suelo de tantas corrientes poblacionales. De nuestro libro, “Un lugar llamado Yerbal Viejo” que memora esa la colonización , hemos reproducido los párrafos de literatura enmarcada en la epopeya colonizadora, párrafos que, como los que siguen, corresponden al segundo capítulo de la segunda parte del trabajo histórico, haciendo una salvedad y es que no pudimos transcribir, por razones de espacio, los muchos testimonios de pioneros de las distintas colectividades, testimonios que, verdaderamente, enriquecen nuestro conocimiento de lo que fue esta colonización atípica, realizada por iniciativa propia, sin apoyos de ninguna clase y sin compañías que hayan dispuesto la colonización, pero sí brindamos unos párrafos de entrevistas-confesiones para que usted también las disfrute: “La aventura inmigrante: Atrás han tenido que dejar todo y partir hacia la aventura. Con estos testimonios personales, pretendemos mostrar las tantas y tantas situaciones similares que han tenido que vivir los inmigrantes que, pensando unos escapar de situaciones límite en sus respectivos países, otros tentados por la propaganda colonizadora sudamericana, y los menos, con la idea de “hacerse la América”, tuvieron que pasar por las mayores dificultades en despareja lucha contra el nuevo agreste entorno, teniendo como única herramienta la fuerza de sus brazos y una tenaz esperanza y fe en la empresa que acometieron.
     “Quienes así lo hicieron obtuvieron finalmente la recompensa de un final feliz de ese su sueño que les permitió ingresar al portal de una nueva vida y a disfrutar de su nueva tierra domada a brazo partido, atesorando recuerdos prendidos muy adentro.
      “Más allá de la palabra del escritor, de la palabra del historiador o de la palabra del cronista, hemos creído necesario –como lo hacemos en varias ocasiones en ese trabajo- dar paso a la palabra de hombres y mujeres que vivieron la epopeya colonizadora Estos testimonios, en buena parte fueron recogidos de entrevistas y otras que son el producto de aportes bibliográficos y particulares y corresponden a inmigrantes de las colectividades, sueca “En ese tiempo para poder entrar a la Argentina bastaba con decir que queríamos entrar para vivir, y el lugar donde se quería llegar y no había ninguna traba. Con esto quiero señalar que llegamos a un país tranquilo”.  (David Hedman); italiana, “En 1926 llega Don Ángelo Sartori, el primer constructor de la zona, viene acompañado por dos italianos de profesión albañiles,: Giuseppe Tumulero y Giuseppe del Santo, quienes lo ayudaran en la primera “fabrica de ladrillos” y también en todos los trabajos de albañilería que empezara a realizar…” (Teresa Morchio de Passalacqua);  suiza, “circularon folletitos contando bondades existentes en otras partes del mundo. Y en uno de aquellos folletitos aparecía la Argentina y la quimera del oro verde misionero. Ese seria, como una especie de sortilegio, la causa de la partida de las familias suizas a Yerbal Viejo. (Egon Lutz); árabe, “Curioso resulta conocer la causa que determinó la venida de Fidel, en efecto, un bastonazo de su hermano mayor fue el determinante aunque también influyó el afán de independizarse y coronar su trabajo iniciado con una valija por las calles a la edad de 14 años, como todos los de esta raza en un comienzo,,,”. (Fidel Chemes, en el recuerdo de Fued Chemes); polaca, “Su primer morada, un rancho con pindó. Una noche siente que algo le mueve las paredes. Aviva el fuego y sale con la escopeta, alcanzando a divisar un tigre que huye asustado. En 1934, una manga de langostas arrasa con todo lo plantado, por falta de alimento se le mueren 40 cerdos. Se recupera del desastre, vuelve a insistir con la cría de cerdos, llega a tener 100, pero otra manga de langostas, esta vez en el año 1948 lo deja en la miseria, hay que volver a empezar…” ( Francisco Tarapata, recuerdo de Román Krawczyk); ucraniana, “Esos primeros tiempos fueron difíciles (ahora interviene la abuela) hemos comido pan de maíz por el término de un año y medio, recién después de esto hemos podido mezclar  la harina de maíz con la de trigo. Antes no teníamos medios, como nos los tenía ninguno de los inmigrantes de la zona. Y sin embargo estábamos todos sanos, no se conocía médico, como así tampoco enfermedad, la primer enfermedad que conocimos después de unos siete años, fue el sarampión…” (Emiliano Mielnik);  española: “ No teníamos nada para comer, vivíamos en una carpa, el tigre pasaba alrededor nuestro por las noches. ¿Qué como vivíamos? Teníamos que ir a lo que hoy es Alem, , así que era cuestión de entrar en el monte y tratar de llegar para conseguir algo de comer. Aquí no había nada…” Pilar Calpe Vda. de Clade; alemana, “La primer entrega de alemanes a esta región se produjo en 1919, los nombres de Flieger, Wendlinger, Schlehujuver y Lohr, son recordados especialmente. Los primeros se radicaron en el paraje conocido como Arroyo Lata, junto a lo que hoy es Cien Hectáreas…”
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Categorías: Columnas de Opinión

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