Atentos a la nota exprés, de último minuto, primicia, adornada –y eso pareciera ser lo vital- con cuentas de colores cascabeleras en las que impera el rojo vivo y que entran mordiendo fuerte, asemejándose a la víbora coral de nuestra tierra roja.
   Y ese rojo vivo va creando el mal humor de la gente que detiene su atención en lo que puede estar sucediendo hoy y, más aún, va tejiendo conjeturas alarmistas de lo que pueda suceder mañana, y ese humor puede ir ganando hogares, calles, plazas y puede tirar por tierra construcciones cívicas sin las cuales no podemos vivir civilizadamente y en comunidad.
   A esas elucubraciones colectivas producto de la información con las que se maneja el minuto de los tiempos humanos, a la que los más informados le agregan la producida por el imperio del conocimiento, que entrecruza tiempos y factores exógenos que contribuyen a crear un microclima social que, por efecto cascada, nos lleva a vivir un macro clima que, inocente o deliberadamente, los más exaltados pretenden verlo como dantesco.
   El hombre de nuestro tiempo acude presuroso a la información que en la realidad lo desborda, por lo que puede preciarse de estar bien informado, al menos en lo que hace a contar con más que suficientes vertientes informativas, entre ellas descuellan diarios y  en especial la pantalla nacional, con epicentro porteño, desde donde debido a la gran población y las posibilidades técnicas muestra imágenes truculentas, en oportunidades repetidas hasta el hartazgo, que hacen más patética la información por lo que el televidente se siente perturbadoramente acompañado por un tiempo de grueso desorden delictivo, cuando no de un mundo obscena y mercenariamente cruel y despiadado, que medra con pedidos de autoflagelación de honores y famas como contrapartida de perpetuar imagen por una parte y obtener buenos dividendos, por otra y que incursiona significativamente entre la filas de la farándula y de la política, mostrando irascibilidad que es una forma irrazonable de  canjear egoísmo subjetivo por diálogo, lo que hace que el hombre común se sienta desprotegido e incrédulo, encontrándose en la situación de aquel boxeador superado que se refugia contra las cuerdas, desde donde se pregunta sorprendido, angustiado, abatido y hasta incrédulo ¿qué está pasando?.
   La respuesta a esta pregunta suele tomar prontamente el atajo de la violencia a la que se la culpa del estado de cosas que se reprueban.
   ¿Qué es la violencia? Es la manera como, proponiéndoselo o no, causar un daño o sometimiento grave a terceros, daño que puede ser, entre otros, físico, sexual o psicológico.
   Cierto es que puede haber varios tipos de violencia, la que puede surgir como  respuesta subjetiva a lo que se considera una injusticia (reclamos masivos, cortes de calle, manifestaciones hostiles); las presiones psíquicas que ejerce el entorno sobre el individuo, la falta de atención a las responsabilidades por parte de quienes debieran ejercerlas y, aunque parezca exagerado, vivir al margen de la realidad produciendo fantasía.
   Es evidente, violencia y violentos perturban nuestra existencia ya que su accionar puede producir daños personales  tanto físicos como psicológicos, que van desde lesiones a humillaciones y amenazas que pueden traducirse en resentimientos, odios y desconfianzas por lo que su accionar reiterado no solo corroe al individuo sino que se  extiende al grupo, incursionando en las redes sociales y comunitarias en detrimento de la paz social, baluarte por el que luchan ¿luchaban? los pueblos que nos consideramos civilizados.
    Lo anterior nos puede llevar a percibir un horizonte negro, como el que nos apabulla  estos días por imperio del clima reinante en la región, para que esto no suceda y no quede en nuestros lectores solo esa imagen de violentos y violencia, olvidémoslos para participar del deslumbramiento de la palabra escrita, ese magnífico instrumento que nos permite aportes de todo orden para el desenvolvimiento social, pudiendo cambiar nuestro humor y simplemente, alegrar nuestra vida, viajemos pues, tomados de la mano de ella, pero permítasenos que antes de hacerlo ingresemos al túnel del tiempo, entrevistemos al hombre  originario, averiguando respuestas que dio a las impertinencias de su tiempo.
   Y en este afán de devanar ideas echando por tierra que todo lo de ayer fue mejor, vamos presurosos a preguntar a nuestro precursor –el de las cavernas- para qué el garrote y como no comprendemos su respuesta acudimos al libro de historia que nos dice que el garrote era para atacar o defenderse.
   ¿Defenderse? Es que aquel hombre nómade se hizo sedentario y agricultor y hete aquí que teniendo que proteger sus frutos se vio necesitado de ejercer la violencia.
   Experimentado como estaba de tanto ir en grupo a cazar el mamut, advirtió que así, en grupo, podía intentar quitarle a otros grupos sus frutos y quedarse con aquella heredad, utilizando el garrote primero, luego las armas y así fue naciendo la guerra, que, según los siglos y según los  avances humanos se fue librando por distintos motivos.
   Y así se daba el lujo de dirigir sus acciones no solamente por intuición humana, sino por experiencias y conocimientos que fue adquiriendo y que le permitieron ir perfeccionando armas y mente como para ocuparlas en hacerse futuro.
  Más adelante llegó el tiempo de Gutenberg, llegó el tiempo de la imprenta, llegó el tiempo de la comunicación que fue permitiendo utilizar, además de experiencias propias, experiencias ajenas ya que aquellos pequeños mundos hasta entonces aislados, se fueron intercomunicando y con el correr de los siglos la noticia fue cobrando territorio, según cuenta la historia, primero apareciendo en forma oral hasta en las más alejadas playas a través de los mercaderes fenicios y posteriormente, en el siglo XV, aparece la palabra escrita por medio de los marinos venecianos; esa misma palabra que lucía en un  poste como bando real, la que en el siglo XVI se presentaba adornando las páginas de un periódico, y, de la misma manera, en el siglo XVIII llegó al Río de la Plata y en el siglo XX llegó a nuestra provincia de Misiones.
   Sin perder esa condición informativa, propia de la palabra oral o escrita, más adelante fue evolucionando de tal suerte que merced a la ciencia hasta apareció adornada por la imagen y así el hombre de nuestro tiempo pudo acceder a los medios escritos, orales y audiovisuales instalados ya en grandes, medianas y pequeñas urbes.       Hoy la noticia corre al instante de un meridiano a otro, habiendo pasado a ser una  herramienta cultural de la que nuestro país puede enorgullecerse pudiendo ser utilizada para cualquier tipo de mensaje y, por lo tanto así como puede colaborar a construir, puede colaborar a destruir, depende de quién, cómo, cuándo y por qué  la utiliza.
   Sin lugar a dudas y más allá de las violencias o los violentos originados por cualquier tipo de necesidad que fuere, dependerá todo de la utilización que se le imponga y en tiempos en que la participación ciudadana puede ocuparla a su antojo, sería del caso que unos y otros la utilicen como debe ser utilizada: para construir, no para destruir, teniendo en cuenta que las rencillas, desavenencias, diferencias  pasajeras son eso, nada más, y que los tiempos de país están mucho más allá de las fronteras de la inmediatez puntual.
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Categorías: Columnas de Opinión

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