Es muy posible que de haber tenido un piano a mano y siendo como somos profanos en la materia, hubiésemos apretado teclas hasta encontrar aquellas que lograsen una frenética vibración en tono grave, en tono agudo, o como fuere, para calmar la desazón que nos produjeron hechos declamados y/o consumados de violencia a lo largo y a lo ancho del planeta tierra y  más aun cuando corresponden a nuestros vecinos de América y en grado mayor a nuestro país, en este caso hasta nos preguntamos ¿no fueron suficientes para nosotros 1976 y 2001 como para que se siga “tensando la cuerda en casa del ahorcado”? profundizando las “grietas” todo un éxito en léxico mediático como para atraer platea propensa y dispuesta a sufrir o gozar tratando de encontrar allá en las profundidades de la intimidad de la misma la razón en sus razonamientos y evaluar así un positivo o negativo que no tiene entidad como para dejarnos suficientemente satisfechos.
   Y ésta nuestra forma “antipática” de pensar de esta figura mediática se debe de nuestro longevo conocimiento histórico de las luchas que en el mundo han sido por el desfasaje socio-político, mundo y luchas que tras siglos de siglos lamentablemente heredaron nuestras naciones del Cono Sur y, por supuesto la nuestra.
   No, no dramatizaremos, sencillamente porque el dramatismo que se acopla a estas situaciones es una excelente cortina de humo para explicar lo inexplicable que es sostener fricciones al rojo para alcanzar posiciones que hasta pueden ser de buena fe pero que así surgidas pierden relevancia en el tiempo histórico y ajan democracia, sí, les ofrecemos un lugar en la platea para recrearnos con el tratamiento de conflictos que provocaron algo parecido a lo que hoy llaman “grietas”, conflictos producidos entre antiguos actores socio-políticos  que atemperaron sus violencias adecuándolas  a las situaciones que se vivían. Y, para ello recurrimos a la historia de las primeras instituciones  socio-políticas  creadas por el gobierno republicano  romano, cuna del derecho (antes de las grandes conquistas).
La incitación
   República romana: un patricio amotina a la plebe: Manlio, patricio cuyos servicios han sido muy mal recompensados por el Estado, se dirige a la plebe: “Hasta cuando ignorareis vuestra fuerza, cuando los mismos brutos tienen instinto de la suya? Contad al menos cuántos sois y cuantos enemigos tenéis  Aunque fueseis en esta lucha uno contra uno, creo que combatiríais con más ardor por la libertad que aquellos por la dominación. Pero así como antes eráis muchos clientes en torno de un solo patrón, así seréis ahora muchos contra un solo enemigo. Mostrad solamente la guerra y conseguiréis la paz. Que os vean dispuestos  a sostener vuestro derecho, y por si mismos lo reconocerán. Necesario es atreverse a algo todos juntos, o que cada uno en particular soporte todas las afrentas… (Tito Livio, VI, 215 y sig.)
La respuesta
   República romana: Un patricio calma a la plebe: Se retiraron al Monte Sacro, al otro lado del Río Anio, a tres millas de Roma… En la ciudad había llegado el terror al colmo, manteniéndolo todo en suspenso la mutua desconfianza. La parte del pueblo abandonada por la otra,  temía la violencia… ¿cuánto tiempo permanecería tranquila la multitud que se había retirado al Monte Sacro? ¿Que sucedería si estallaba entre tanto alguna guerra extranjera?… Ya no había esperanza en la concordia de los ciudadanos y era necesario conseguirla a cualquier precio. Decidiéronse, pues, a enviar al pueblo a Menemio Agripa, varón elocuente y querido de la multitud, como descendiente de familia plebeya. Introducido en el campamento, dícese que Menemio no hizo otra cosa que narrar este apólogo, en el rudo lenguaje de la época: “En el tiempo en que la armonía no reinaba como hoy en el cuerpo humano, sino que cada miembro tenía su instinto y especial lenguaje, todas las partes de cuerpo se indignaron de que el estómago (x) lo obtenía todo por sus cuidados, trabajos y ministerio, mientras que, tranquilo siempre solamente se cuidaba de gozar los placeres que le proporcionaban. Formaron entonces una conspiración: las manos se  negaron a llevar los alimentos a la boca, la boca a recibirlos y las muelas a triturarlos. Mientras que en su resentimiento querían domar al cuerpo por el hambre, los miembros mismos y todo el cuerpo cayeron en extrema debilidad. Entonces vieron que el estómago, no estaba ocioso, que si lo alimentaban, él alimentaba a su vez, enviando a todas las partes del cuerpo esta sangre que forma nuestra vida y nuestra fuerza, y distribuyéndola por igual en todas las venas, después de elaborarla por la digestión  de los alimentos. La comparación de aquella sublevación intestina  del cuerpo con  la cólera del pueblo contra e Senado, calmó, según dicen, los ánimos (Tito Livio, II, 14 y sig.)
Los tribunos de la plebe
   Los plebeyos, la mayor parte de los cuales no poseían armas dejaron abandonada la ciudad. Esta huelga paralizó a Roma. Tras la misión cumplida por Menemio Agripa el Senado, que representa a los patricios, termina por ceder y permite la creación de un cargo para los plebeyos: los tribunos de la plebe, con un poder formidable (mitad del siglo -V) sin lictoris, ni insignias el tribuno de la plebe es, sin embargo, inviolable: interrumpirlo, levantarle la mano, son sacrilegios severamente castigados. Posee grandes privilegios: entre ellos el derechos de oponer su veto a los proyectos de otros magistrados o a sus colegas, el de reunir en el foro a la Plebe agrupada por zonas o tribus, para hacerle adoptar ciertas medidas (plebiscito). Los diez tribunos (al principio fueron dos), tienen como secretarios o ayudantes a los ediles de la plebe.
Igualdad jurídica, política y social
   Jurídica: En el año -461 el tribuno Terentilio Arsa propuso la redacción de un código; el Senado debió publicar los principios de derecho, viejo secreto patricio, llamado “Ley de las XII Tablas”. Desde entonces leyes comunes e inmutables, en lo criminal y en lo civil, regularon las relaciones entre todos los ciudadanos; transmisión de propiedades, castigo de delitos, etc.,
   Los plebiscitos tuvieron fuerza de ley, es decir que eran válidos, legítimos para todo el pueblo romano. Los patricios decidieron entonces asistir a la Asamblea de la plebe, a los comicios por tribus convertidos ahora en la verdadera Asamblea del pueblo. Allí se votaban las leyes, se elegían los tribunos y los magistrados superiores.
 Social: Los matrimonios entre los miembros de la plebe y el patriciado fueron autorizados. Aún más: los plebeyos podían solicitar cualquier magistratura. Ricos comerciantes entraron entonces con gusto en la carrera de los honores, llamada así ya que los cónsules y los senadores no recibían retribución  y como dato curioso para el ciudadano siglo XXI valga mencionar el empadronamiento por el que cada ciudadano tiene que declarar su fortuna al censor, que modifica la cifra sobre sus registros si lo juzga oportuno. Esta inscripción servirá para los impuestos y para la movilización  (centuria). El ciudadano, a quien el censor lo señale ciudadano indigno, por la insolencia de su lujo, por estafa, o libertinaje, queda privado de los derechos políticos durante cinco años.
   Cerrada la platea invitamos a quienes han participado de ella que saquen sus propias  conclusiones.
   Sí, vale la pena ya que para algo vivimos en democracia y en una provincia que, como Misiones, aparece ordenada y en paz.
   Hoy sabemos que el estómago no envía sangre; se conforma con hacer pasar los elementos útiles que saca del alimento ingerido. Esto no cambia el sentido del apólogo: la unión hace la fuerza.
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Categorías: Columnas de Opinión

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