Entre diluvios en todo el país con sus consecuentes inundaciones, grieta docente, violencia de género en grado escalofriante, pauperización de jubilados, inflación, roce de Poderes, etc. y todo ello salpicado ¡y como! por la descarada elocuencia de líderes mundiales que sin empacho alguno, acompañados por un arsenal de armas, inclusive nucleares, exhibiéndose con orgullo y amenazando con la tercera guerra mundial, jactándose de sembrar el pánico mundial, gente de un mundo que ve que toda aquellas reglas humanitarias ante contingencias terroristas-guerreras que se cumplían están cayendo en el olvido total y el todo vale se impone sin freno, nos sentimos pacíficamente tranquilos de vivir en esta provincia de Misiones cuyas autoridades, sin arrugar el ceño van “cuerpeando” las dificultades que por cierto sí las hay, ayudados por un pueblo que, como este de Oberá que conocemos y muchos otros como éste, quiere participar en el trabajo constructivo de una sociedad que busca superarse con afán.
  Y como para sosegar espíritus y atemperar conductas y más que todo para pensar pensando entremezclando algo de humor, bien valgan las próximas líneas que escribimos hace diez años y que con gusto reproducimos en este año electoral de 2017.
La sensación – (18/05/2007)
   “Que este es un año electoral es una realidad del calendario político; que estamos comenzando a sentir lo primeros fríos como un anticipo del invierno cercano, es otra realidad, pero que todavía no nos sintamos entusiastas comprometidos ante el próximo acto comicial como lo estuvimos hace cuatro años atrás y más aún que nos situemos como simples espectadores políticos, eso ya es harina de otro costal.
   Anclados en este razonamiento, comenzamos a analizar la cuestión y ¡vaya ocurrencia!, recorriendo el teclado comenzamos a imaginar a un radical irigoyenista (tozudo el hombre) proclamando a los cuatro vientos ¡Que se doble pero que no se rompa!, tratando de juntar los pedacitos ¡caramba! del fragmentado partido centenario.
   Por esa asociación de ideas a la que estamos acostumbrados los argentinos, (en general todos futboleros), que, cuando se habla de un primo, sin querer queriendo, como decía el Chavo, se nos aparece el otro; debe ser por esto que  recordamos ahora y ya, aquello de “todos unidos triunfaremos” y nos parece ver a un grupo de peronistas históricos buscando desconsolados (con lupa y linterna) a los “muchachos que se nos han borrado”
   La visión nos lleva a las figuras de Ricardo Balbín y de Juan Domingo Perón, que fueran exponentes de elocuencia y adalides de ideología partidaria, reapareciendo en el histórico balcón de la calle Gaspar Campos, nos parece verlos en un fraternal saludo y escucharlos decir:
-¡Qué hicimos general!
-¡Que me cuenta doctor!
   Mientras que con voz que llega de más lejos, creemos escuchar al general San Martín:
   -“Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave”
   ¡Vaya! ¡Vaya!, pensamos, sentencia sabia y profunda, sin embargo y por lo que vemos la armonía en el campo social argentino se presenta hoy como una antigüedad y tan fácil que sería no solamente salvar la nave, sino mantenerla hidalgamente a flote utilizando la armonía como proponía el general.
   Cierto que en épocas de comercialización histórica como las que algunos quieren que vivamos hasta a la palabra sanmartiniana puede vérsela envuelta en telarañas.
  Y de entre ellas, nos enredamos en algunas mucho más recientes pero ya formadas y desde ella recordamos aquella tradicional animosidad (más o menos cruel según la circunstancia)  que se suscitaba ante y antes de cada elección entre peronistas y radicales, que adornaban con toda aquella fanfarria partidaria, toda aquella pintoresca romería, todo aquel “cirquito” ¡qué… supimos…. conseguir!!! en cada jornada electoral.
    No, no es que hagamos la apología del más descarado clientelismo político, pero que era pintoresco y folklórico por cierto que lo era, como también es cierto que aunque para esta elección se emularan aquellos métodos, tampoco sería lo mismo ¿es que a la política la “congelaron”?, ¿es que a los políticos de este turno les cuesta salir de la conservadora? (favor, no confundir los términos)
   Por los primeros escarceos que se observan, ser político hoy no es lo mismo que haber sido político ayer y para consolidar una candidatura pareciera que hay que pasar por varios tamices y todo ello produce un nerviosismo que tiene por respuesta un vocabulario propicio a propinar mazazos dialécticos, claro, dirigidos más para herir ¿defenestrar? al adversario que explicarnos cómo se va a gobernar…
    Otra vez ¡caramba! que antes que se nos arrugue el ceño, más vale que imaginemos el retumbar del bombo mítico de Tula.
    Aunque nos parece que ya no será como era entonces la disputa por el poder político y no nos será posible comparar la cita política nacional con un clásico Boca-River, donde más allá de las viejas y repetidas rivalidades, lo que primaba era el color de la camiseta, que da fuerza hasta para hipnotizar a protagonistas y seguidores.
    ¡Qué!… ¿Otra vez la vocecita ancestral?:
   -¡Calma radicales…!
   -¡La vida por Perón…!
    Mientras duermen arrumbadas en los cien barrios porteños de Alberto Castillo, hasta en cada barrio de los miles de barrios del país, miles de camisetas partidarias esperando que aquellos que las dejaron vuelvan a colocárselas, cierto es que puede suceder que esta sea una espera contra toda esperanza, y al mejor estilo misionero se nos escapa un : -¡Será…!”
Artículo visitado 30 veces, 1 visitas hoy
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Buffer this pagePrint this pageEmail this to someone


Categorías: Columnas de Opinión

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top