Que hay muchas “Mafaldas”  tanto mujeres como varones en estos tiempos es algo lógico que suceda, es que ese razonamiento, esa actitud intuitiva y ese juicio que asombró en la niña tira de historieta surgida de la inspirada pluma de Quino por exhibir esas cualidades, ahora se extiende a un mundo adolescente que más de una vez nos asombra con su racional ubicación que, al menos para gajos de la “gente mayor” (todo un logro de  Alejandro Miravet en Canal 12), aparece como un intríngulis reacio a desembrozar.
   ¡Qué lejos han quedado aquellos tiempos de un ayer en que a los adolescentes se les cuestionaba hasta leer el Si de las Niñas, de Moratín y en lugar de un celular desarrollaban sus actitudes utilizando un balero, bien emparchado, sí, o un  yo-yo que pavoneaba su vuelta y vuelta, con los que hacían pinta los jovencitos “piolas” de entonces.
  ¿Nos referimos a tiempos mejores?  Casi imposible tratar de hacer comparaciones en primer lugar por ser odiosas, pero si insistimos…  hoy no caben ya que nos roban minutos de celular o no nos permite otear debidamente en las redes sociales que aparecen como absorbiendo aquel  mundo de meditación y consejos, que, redimiendo ayer, hoy casi no se tiene en cuenta, apareciendo los últimos como inmiscuyéndose en nuestra vida personal e íntima, lo que nos lleva a un aislamiento como actitud defensiva en tiempos de aguas encrespadas, aislamiento que emulando el canto de las sirenas y Ulises pretende que cabalguemos hacia el frenéticamente.
   Sin embargo el ritmo diario nos obliga a emerger de ese aislamiento y así sucede que nos sumergimos en ese nuestro quehacer socio-político diario, cierto que sin desprendernos de nuestro consejero portátil con el que hemos establecido un régimen de auto dependencia voluntaria con una cláusula simple pero efectiva cuando nos pretende flagelar con su llamado en inoportuno momento apagándolo,  si hasta sentimos culpa por ello ya que al fin de cuentas nos comunica, nos divierte, nos enseña y nos saca de apuros y hasta nos empuja a ese aislamiento al que por cierto contribuye y mucho.
    Es evidente que estos nuevos tiempos (como lo han sido todos a su debido tiempo) nos obliga a colocarnos al día en la vidriera de la vida común y alternar con las individualidades que señalamos más arriba y que conforman el grupo activo de nuestro diario vivir en sociedad y, al hacerlo, evidentemente que salimos reconfortados o desazonados tras nuestra introspección, reconfortados porque advertimos que, al menos en esta Misiones, la gente muestra un alto porcentaje de deseo de esfuerzo y colaboración en su trabajo y estar dispuesta a lograr y defender un progreso que, como tal suele aparecer muy a cuenta gotas y en esto mucho tiene que ver aquello de que si haces porque haces y si no haces porque no haces (palos porque bogas, palos porque no bogas) resultado que llega a enervar primero y retacear esfuerzos luego ingresando a un campo hostil originado allí donde el país político sentó su cabeza, de tal suerte que, con ese ingenio tan reconocido de nuestra estirpe y en cómoda ocurrencia mediática verbal, se tildó la posición de la gente de aquí y de allá como forjadores unos y víctimas otros de una grieta nacional que, por su razón de serlo, se encarga de profundizar desavenencias que unos y otros no tratan de soldar, más aun  pareciera que quisieran profundizar y, quiérase o no, afecta con su efecto catarata al país en general.
   Todas estas elucubraciones personales encienden nuestra lamparita verde que desde ya hace esfuerzos por desterrar el rojo procediendo a encontrar señales casi históricas del comportamiento del hombre argentino a través de la pléyade de intelectos porteños del siglo XX y hete aquí, vaya sorpresa que nos encontramos que quien hundió el estilete en el tema, utilizando su reconocida sapiencia e ilustración fue el filósofo, profesor universitario , escritor-periodista español José Ortega y Gasset (1883-1955) quien, a la vez, se constituyó en un maestro de la joven intelectualidad argentina de aquellos tiempos, siendo asiduo visitante de nuestro país
   Las opiniones que transcribiremos están insertas en el al Ensayo del que es autor Pablo Chami titulado Ortega y Gasset y la Argentina.: “En diciembre de 1924, Ortega escribió para el diario La Nación de Buenos Aires: “Carta a un joven argentino que estudia Filosofía: La juventud argentina que conozco me inspira ?¿por qué no decirlo?? más esperanza que confianza.” (…) “La nueva generación goza de una espléndida dosis de fuerza vital, condición primera de toda empresa histórica; por eso espero en ella. Pero a la vez sospecho que carece por completo de disciplina interna, sin la cual la fuerza se desagrega y volatiliza: por eso desconfío de ella; no basta curiosidad para ir hacia las cosas; hace falta rigor mental para hacerse dueño de ellas.”
   “La forma de existencia del argentino es lo que yo llamaría el futurismo concreto de cada cual. No es el futurismo concreto de un ideal común, de una utopía colectiva, sino que cada cual vive desde sus ilusiones como realidad, pero esas promesas de la pampa tan generosas, tan espontáneas, muchas veces no se cumplen. “Nos parecerá la historia argentina una performance maravillosa.” luego le sorprende “el grado de madurez a que ha llegado la idea del estado” “el pueblo argentino no se contenta con ser una nación entre otras: quiere un destino peraltado, exige de sí mismo un futuro soberbio, no le sabría una historia sin triunfo y está resuelto a mandar. Lo logrará o no, pero es sobremanera interesante asistir al disparo sobre el tiempo histórico de un pueblo con vocación imperial”.
  “La altanería de los proyectos tiene algunos inconvenientes. Cuando más elevado sea el módulo de vida a que nos pongamos, mayor distancia habrá entre el proyecto ?lo que queremos ser? y la situación real ?lo que somos. (…) pero si de puro mirar el proyecto de nosotros mismos olvidamos que aún no lo hemos cumplido, acabaremos por creernos ya en perfección. Y lo peor de esto no es el error que significa, sino que impide nuestro efectivo progreso, ya que no hay manera más cierta de no mejorar que creerse óptimo”
 “el europeo se extraña de que el gesto del argentino carezca de fluidez y le sobre empaque” Lo dicho significa meramente que este tipo de hombre le preocupa en forma desproporcionada su figura o puesto social. Lo excesivo de semejante preocupación sólo se comprende si admitimos dos hipótesis; 1º, que en la Argentina el puesto o función social de un individuo se halla siempre en peligro por el apetito de otros hacia él y la audacia con que intentan arrebatarlo. 2º, que el individuo mismo no siente su conciencia tranquila respecto a la plenitud de títulos con que ocupa aquel puesto o rango” “La sociedad argentina ha recibido una gran inmigración, y esta inmigración italiana o española tiene como exclusiva mira el propósito de hacer fortuna. y agrega: “la influencia que en la vida entera de la argentina adquieren las crisis económicas sería inconcebible en una nación europea.” “El argentino es un hombre admirablemente dotado que no se entrega a nada, que no ha sumergido irrevocablemente su existencia en el servicio de alguna cosa distinta de él.” “Porque no es fácil decir lo que vislumbro: que el argentino típico no tiene más vocación de ser ya el que imagina ser. Vive, pues, entregado, pero no a una realidad sino a una imagen, y una imagen no se puede vivir sino contemplándola y, en efecto, el argentino se está mirando siempre reflejado en la propia imaginación.”
   Roberto Giusti, en la revista Nosotros… de la que era director, escribió dos artículos comentando a Ortega,  comienza reconociendo que Ortega es filósofo y también poeta. Dedica un par de páginas al análisis de la calidad poética del ensayo y luego a la técnica que utiliza Ortega en sus construcciones literarias, termina Giusti este primer artículo diciendo que “examinado de muy cerca, este ensayo, aunque gustemos la riqueza y la variedad de ideas que lo forman, me resulta un tanto obra de artificio, un encadenamiento dialéctico más brillante que sólido.
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Categorías: Columnas de Opinión

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