(Nota editorial de mi autoría publicada el 11 de noviembre de 2006)
    La obra de los padres jesuitas en América del Sur, fue, en el terreno de la educación, un  aporte poco valorado y menos aún justipreciado debidamente ya que la vasta obra educacional concretada en la creación de colegios y universidades en esta parte de América permitió señalar a España como la nación descubridora y conquistadora que más hizo en tierras nuevas en tal materia y vaya si fue importante ya que en aquellos colegios y claustros educacionales abrevaron nuestros hombres de Mayo y de Julio y fueron nutriendo su intelecto con la lectura de las nuevas corrientes en boga en Europa, una Europa que se desembarazaba de la monarquía para dar lugar a gobiernos de la burguesía.
   En la revolución de Mayo y su correlato la declaración de la Independencia se puso de manifiesto ese bagaje intelectual adquirido  y con él puesto en función de pergeñar el nuevo fruto deseado que no era otro que formar la nueva nación, dejando atrás los esquemas de un despotismo ilustrado, de un iluminismo y de todas aquellas corrientes de opinión que no hubieran permitido la germinación de la semilla nacional.
   Y así civiles, militares y eclesiásticos ocupando ficción, inteligencia y acción nos entregaron el suelo patrio, herencia que pareciera pesarnos y mucho en el devenir de los tiempos, quizás porque al amparo de los buenos negocios  y de la exclusión de sectores, se paralizó lo que debió haber sido el gran despegue nacional- estamos hablando de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.
      El inquieto presidente de la Fundación Zona Centro y calificado convecino Ernesto Benítez y un grupo de eficaces colaboradores, viene auspiciando, a través de la Fundación Zona Centro, una serie de reuniones en las que se debaten temas de profundo análisis. (Decíamos en el 2006)
     Así el jueves pasado el tema fue la identidad nacional como resultante de una línea de pensamiento que se nutra de la conciencia nacional,  corriendo a cargo de un panel de periodistas misioneros (César Sánchez Bonifato; Alberto Hedman; Walter Bravo, Raúl Venchiarutti y Aldo Rubén Gil Navarro) la exposición del tema sugerido ante el auditorio.
    Oberá se ha caracterizado por la inquietud de su gente para indagar y así poder construir espacios que permitan ir ampliando el espectro socio- político cotidiano, cierto es que en los últimos tiempos poco se ha hecho al respecto y por ello aparece como bienvenida la actitud tomada por la Fundación Zona Centro.
    Viene al caso recordar al empresario periodístico porteño, Natalio Bottana, que aditó a su diario “Critica” un slogan en el que señalaba que la función del diario era como “la de un tábano sobre un noble caballo para mantenerlo siempre despierto”.
    Este tipo de reuniones puede contribuir a movilizar el cuerpo social, todavía adocenado de un  pueblo argentino que prefiere recitar el libreto de turno sin proponer modificaciones como consecuencia de una tímida democracia que no ha podido, o no ha querido, en más de veinte años sacudirse esa modorra que produce el autoritarismo y la palabra mesiánica -nuestro oráculo griego de hoy- que desgrana el néctar del poder y desgaja la estructura institucional.
    El tema, como bien se dijo en la convocatoria, puede lucir exponentes históricos que forjaron –en mayor o en menor grado- una línea de pensamiento nacional significativa. Allí se mencionan a Alem, Irigoyen, Forja con Scalabrini Ortíz y Jauretche, Lisandro de la Torre, Perón y Frondizi, pero debe advertirse que en estos casos,  la figura abrió el camino a la gente para que avizore esa posibilidad y, en un siglo como el XX en el que los quiebres del orden institucional, producto de alzamientos militares, fueron una constante,  todos aquellos intentos, toda aquella posibilidad expuesta prontamente fue ajada, y en casos aniquilada, extinguiéndose nuevamente la posibilidad de hallar el camino hacia la obtención de una identidad nacional que nos permita el crecimiento sostenido.
   Entendemos que aquella aparición de estadistas con visión de país, con visión institucional, con  visión de alineamientos nacionales, pero por sobre todo con sensibilidad como para recoger los ingredientes latentes que afloran nutridos por historia, tradición, sociedad e idiosincrasia y que se adaptan a cada tiempo pudieron –algunos más, otros menos- desembrozar el camino en esta búsqueda imperativa de una conciencia o identidad nacional.
   Cuando decimos que esos elementos básicos se adaptan a cada tiempo, cambiando método sin perder esencia, lo ejemplificamos recordamos que en los tiempos de Forja, de Raúl Scalabrini Ortíz y de Arturo Jauretche la línea de pensamiento nacional exhibe duramente las trabas que, para nuestra identidad país significa la intervención foránea en el manejo de nuestra economía y finanzas y su correlato, la intromisión en el orden político nacional, sin lo cual no hubiese podido tener entidad.
   Así Jauretche, en forma de sátira, se refiere a una figura de su creación, los “varones consulares” y que empleara en “Señales” con el título de “Cartas al Pickwick Club” en que un residente inglés en la Argentina, se dirige a sus consocios en Londres: “como saben mis queridos colegas, el varón consular es indispensable al fomento de las inversiones y al progreso del país, pues su presencia en directorios de ferrocarriles, que es la presencia de su apellido, sirve para  disipar la desconfianza de los elementos nativos, hostiles a la labor civilizadora de las empresas. La prosperidad en que vive el varón consular es el ejemplo en que se ilustran las generaciones sucesivas de estudiantes indígenas que aleccionados en su contemplación, se preparan para servir, como él los intereses nuestros en los directorios y en los ministerios, que ocupan alternativamente…”
     Antes de Forja, aparecen en la escena nacional aquellos intelectos mencionados y, entre ellos, Juan Domingo Perón, quien incorporó por vez primera a toda la clase media en la formulación de cuestiones de gobierno, a través de la C.G.T., comenzando a despuntar la posibilidad de un pensamiento nacional, y una identidad nacional.
     Esa línea nacional de pensamiento volvió a chocar con la noche negra de la dictadura y se ilusionó con la vuelta a la democracia pero no se tuvo en cuenta que pudieran reaparecer en escena los “varones consulares” de Jauretche y así fue como perdimos fuentes vitales para nuestra economía.
    Otras pueden ser ahora las trabas para un desarrollo armónico nacional de pensamiento, pero –como lo dijimos- por ser la esencia del ser nacional y seguir latente, la búsqueda nos llevará al mismo camino.
     De lo que resulta que lo prioritario ahora es ir creando las condiciones para que volvamos a recuperar esa línea de pensamiento nacional que , simplemente podemos calificarla de “pensar en argentino”
     Interesante sería ir trabajando desde gobierno en una planificación coherente con los grandes postulados nacionales.
     Y todo ese clima que entendemos como posible de ir creando, compromiso ciudadano al fin que debemos priorizar, esa revolución nacional (de pensamiento) se podrá ir abonando para obtener su multiplicación mediante la circulación de la idea, mediante explicación en ateneos, reuniones, asambleas ciudadanas, congresos, de manera que poco  a poco todo el pueblo vaya tomando conciencia de la necesidad de su participación para transparentar y darle fuerza a este reencuentro con los grandes postulados nacionales que debemos recuperar democráticamente.
    Estamos convencidos que su instalación en el escenario argentino acabará gradualmente con los desaciertos, desavenencias, enfrentamientos, violencias, corriente corrupción…
    Además y esto es prioritario, la identidad nacional y/o una línea de pensamiento nacional, solo puede aparecer para quedarse  y propender al desarrollo del país, cuando se haya logrado hacer emerger a la gran franja de población sumergida y equipararla en posibilidades económicas, culturales y  políticas a las franjas de población con poder de gestión.
    Otra de las cuestiones que deben ser tomadas en cuenta es que ha pasado el tiempo de las antinomias por lo tanto capital y trabajo son elementos imprescindibles para el desarrollo de los pueblos, eso sí y en el caso de las inversiones extranjeras debe quedar atrás la inversión golondrina para ser suplantada por la inversión que sirva a nuestro desarrollo y no que se sirva de él, así como un fluido comercio con los pueblos del mundo y en este sentido es un hecho promisorio el que pueda desarrollarse el Mercosur que nos permita colocar al país en mejores condiciones competitivas.
     Hacer emerger a la gente de las capas sociales sumergidas; legislar en función nacional; una justicia ágil y efectiva; inversiones que sirvan al país; darle fuerza al Mercosur como instrumento de valorización de nuestros pueblos; honestidad y ganancia justa en los ámbitos oficial y privado; desterrar y anatematizar la corrupción y; finalmente “pensar en argentino” son cuestiones que tienen que ir dándose para que la línea de pensamiento nacional vaya aflorando y a partir de allí nuestra identidad –no impuesta por decreto y si por convicción y nacionalidad- nos permita el desarrollo nacional imprescindible para que la gente levante su autoestima personal.
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Categorías: Columnas de Opinión

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