Estando en Costa Verde, sobre el arroyo Mártires y en actitud de observador profundo en comportamientos naturales, meditamos sobre la lucha ¿milenaria? que estos cursos de agua, tan generosos en la geografía misionera, deben afrontar para mantener cauces y caudales históricos tras las tantas contingencias producto del capricho de las lluvias e inclemencias de todo tipo que producen el sube y baja de las aguas, tiñéndolas de un color barroso y en pocos días vuelve  a transformarse en un azulado-verdoso que subyuga.
    Problemas que la naturaleza  resuelve sin estridencias como cuando el curso de agua recibe un aluvión de basura a libre corriente conformada por troncos, tacuaras y otros desperdicios naturales derribados por vientos y seducidos por la fuerte corriente del curso del arroyo en  crecida y hasta desborde- inundación se deciden a correr suerte sobre las aguas hasta que se ven frenados por un enmarañado montón de antiguos moradores a los que se que se les frustró su viaje.
   Agregando literatura, observamos que, cuando el desborde, toda la franja verde de las costas del arroyo (que bien merece llamarse río como sucede en otras provincias con cursos de agua de menor caudal) se siente invadida por las aguas sin mayores problemas de supervivencia y así nos detuvimos a observar todo ese verdor menor, belleza de la naturaleza, que aparece tan débil y es tan fuerte ante la contingencia.
   Conmovido ante la fuerza y sabiduría de la naturaleza, pensamos hasta acongojados que esta actitud de contemplación que asumimos está diametralmente opuesta a la que han asumido los hombres en sus respectivos hábitat de tal suerte que la naturaleza se ve cada día mas acosada por aquellos a los cuales les ha facilitado la vida histórica y, por otra parte pensamos en que por ese su afán de prosperidad económica a ultranza está destruyendo su entorno que todavía en nuestra provincia, se acerca en lo natural a un verdadero paraíso ecológico que se algo desdibujado.
   Defender la naturaleza es una imposición. De todas maneras y aun cuando en ponderable actitud los ecologistas del mundo alzan sus voces a través de sus organizaciones, el eco de ellas no influye demasiado en los foros mundiales cuyos participantes tienen que legislar presionados por los intereses de mercado y el clamor ecologista que anuncian  la noche negra de los pueblos si se sigue atentando entre otros contra la riqueza natural que constituyen los paraísos vegetales, las fuentes de agua en especial potable, el incumplimiento de  forestar ante la deforestación, la tala indiscriminada de especies vegetales y tantas otras formas de depredación de todos estos recursos que hacen posible la vida del hombre, basta señalar la situación de vida en los páramos arrasados que se van semejando a desiertos y en los pueblos que carecen de agua potable  para darnos una idea de lo sinuoso que es el camino que se ha tomado que permite además la rapiña entre naciones arrebatando diplomática o cruelmente los yacimientos de hidrocarburos.
    Acercando cercana futurología el panorama aparece desolador, más aún si advertimos que los ecologistas, si bien están logrando en el norte continental alguna representatividad política, esta no se repite en el continente sur donde la riqueza natural pasa a ser una panacea todavía vigente con sus bienes naturales codiciados y explotados en general por los de aquí y en mayor grado por los de allá que en la mayoría de los casos se quedan con el “oro y el moro” resultado de una inversión “golondrina” recuperable tras los frutos obtenidos, no radicándolos en el nuevo suelo elegido.
   No hemos querido de ninguna manera reprobar la actitud del hombre de estos tiempos en su afán de progreso material y técnico que está permitiendo no solo un progreso individual sino que ese progreso se extiende la sociedad toda, si, alertarlo en relación a una inmediatez d graves problemas que aparece eclipsados por ellos de una cercana (en tiempos históricos )  necesidad de supervivencia a futuro que necesita ordenarse , ante el presumible fracaso de organización social, política y económica, que en esta segunda década del siglo XXI enfrenta un mundo en el que la violencia de las armas aparece como única variable para defender liderazgos y negocios y por otra parte utilizar cada vez en mayor grado abultados presupuestos armamentistas en el mundo norte y extender a todo el mundo elevados porcentaje de sus habitantes en situación de pobreza y miseria, a lo que agregamos el nefasto narcotráfico que cercena vidas sin piedad alguna.
    Finalmente bien vale acotar que en una provincia como esta de Misiones, todo un vergel ecológico en el que bien vale la pena vivir y en la que se disfruta de una sociedad pacifica y responsable, debiendo señalar que en este tema vemos surgir más y más recreos ecológicos que más allá de los atractivos  mundiales como las Cataratas y el Moconá, multiplican la presencia de turistas que viajan a la provincia con  el fin de compartir ese mundo casi lo llamaríamos idílico que les permite recibir como un bálsamo esos días de Misiones  trasladando para su regreso la pesada carga de un mundo material y posiblemente violento.
Estrategia-estratego
   La palabra “estrategia” nos llenó de gozo ya que pareciera ser nuevamente descubierta por quienes se sienten en la obligación de planificar futuro a su costa, lo que al fin de cuentas aparece como coherente.
   Presurosos corrimos al diccionario para delimitar el alcance de la palabrita que se encarga de decirnos que “estratego es el hombre versado en estrategia” y si no queremos aparecer como machistas a ultranza, podemos ocupar otra que señala que estratega es toda “persona versada en estrategia”, aunque también se puede utilizar la versión de estrategia que dice que es tener “arte o traza para dirigir un asunto”, no conformes todavía, hicimos un pocito más hondo  y así nos encontramos con que: “en un proceso regulable, conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada instante”.
    Respondiendo a los nuevos cánones que señalan tiempos, no pudimos contener un ¡por fin! por que de acuerdo a ellos en todas las actividades de la vida actual debemos legislar utilizando (y a veces copiando de aquí y de allá) experiencias y si es posible adecuándolas a nuestra manera y forma de vida.
    En eso estábamos pero como hombres que somos, tenemos la particular posibilidad de hacer “zapping” en nuestra mente y pasar de un pensamiento a otro fácilmente y así fue como volvimos a empezar nuestros devaneos racionales sin preocuparnos generalmente del cómo y del por qué surgieron.
   Tal vez el recuerdo de la Mona Lisa nos trajera a la memoria aquel Renacimiento que permitió a nuestros antepasados, encasillados entonces en un  férreo rigorismo de la edad media, romper los diques de contención (abrir la tranquera, diría don Zoilo) y ofrecer, sin preconcepto alguno, la anatomía humana, esa creación divina, en hermosas obras de arte, pero, más allá de ello, destrabar las barreras como para poder crear un mundo en el que el protagonismo del hombre –habiendo roto frenos de acero- tuviera más que incidencia, creatividad no solo para retratar o modelar mejor a sus semejantes -¡y vaya si hay ejemplos que nos enmudecen sin tiempos!-, sino para –a partir de él- dar vida a la revolución que significó el Renacimiento que supo marcar sus tiempos en presente y en futuro.
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Categorías: Columnas de Opinión

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