En ésta y sucesivas ediciones de verano de Pregón Misionero, tras el ocio vacacional, pretendemos satisfacer –desde esta página y utilizando las herramientas literarias con que contamos en nutrida biblioteca y archivos personales que recibimos de herencia y que se ha ido ampliando merced a nuestra propia curiosidad-  la curiosidad que tengan nuestros lectores no ya solamente por conocer orígenes, comportamientos, y riquezas de este suelo misionero que desde un comienzo de su heterogénea población fue exhibiendo perfiles inéditos a través de aportes humanos de todo orden y sobre todo la necesidad de seguir tallándolo para así potenciarlo-.
    Para ello presentaremos a partir de este viernes testimonios comprobables expresados con sabia simplicidad y en lenguaje diario, ese que no suele exprimir datos históricos rigurosos, sino aquello sucedido en la geografía provincial-siempre desde el punto de vista misionero.
   Revisando nuestro archivo encontramos ejemplares de una revista que, por su data, bien podría ser una de las primeras expresiones literarias misioneras. Editada entonces por el Centro Universitario Misionero de la Plata, titulada “Misiones”, dirigida por Juan E. Acuña y Julián F. Freaza, como secretario figura Miguel A. Escalante y como administrador Hirsz Zylberstejn. La edición que nos ocupa lleva el número 4, fechada en octubre de 1944, colaborando en la misma Francisco Suàiter Martínez (a quien conocimos cuando niño por ser inspector de escuelas y haber visitado la 179 dirigida por mi madre, que fue su fundadora en Invernadita de Itacaruarè, continuando con los colaboradores agreguemos a Juan Enrique Acuña, Juan M. Areu Crespo, Enrique Fernández Chelo, Miguel Ángel Escalante, Manuel Antonio Ramírez, Virgilio S. Solari, Francisco de Santo y Arturo Raùl Escalada.
   Y ya la primer entrega. De Francisco Suàiter Martínez ”Veinticinco años despuès” “En abril de 1919 llegué al territorio de Misiones. La impresión fue desconcertante. Como es sabido, después de tanto estudiar geografía argentina, los maestros se reciben casi ignorándola por completo. Las informaciones recogidas en Buenos Aires solo sirvieron para embarullar al joven que entonces figuraba en la nómina del personal docente de la escuela 33. Baste, para dar una muestra, con decir que al pueblecito de San Javier, lo situaron a cinco leguas de la estación de Apóstoles., Hice aquel viaje con mi hermano Ramón. Cuando pusimos el pie en el andén de la primera estación ferroviaria de Misiones, eran las 17, pues el tren, a raíz de un descarrilamiento de un vagón a la salida de Paso de los Libres, llegó con cerca de veinte horas de atraso.
     Por ese entonces, Villa Ortìz Pereyra, era un  grupo pobrísimo de casas algunos de las cuales estaban hechas con paredes de tacuara y barro y con techos de paja. Lo que más nos impresionó fueron los carros polacos en que por primera vez debimos hacer el viaje, acostumbrados a otros vehículos como estábamos.
   Apóstoles, hoy con una edificación de ciudad moderna, era en aquel tiempo una sucesión de solares medio baldíos con una u otra casa en las calles que cortan a la principal. A San Javier llegamos en un día de Semana Santa. El pueblo nos produjo una impresión imborrable. Todo era hermoso; sus pequeñas fragosidades, su río, sus casitas, su fronda. A dicho pueblo también arribamos de tarde habiendo salido de la pensión del señor Lavàn a las diez de la noche del día anterior, utilizando el mismo carro polaco que nos condujo de la estación al pueblo de Apóstoles. De paso desde una de las eminencias del terreno, distinguimos el pueblo de Concepción de la Sierra. Todo el trayecto fuimos alabando la belleza del paisaje. Para los montañeses, sobre todo si estos son riojanos o catamarqueños, la profusión de árboles es una fiesta para los ojos acostumbrados a las frondas sequizas, casi mineralizadas de las tierras sedientas de la llanura occidental y de la región andina del norte y centro.
   Ese mismo años, por diciembre, estuve en Posadas. Posadas, situada a 551 metros sobre el nivel del mar, con sus 17.960 habitantes, era –esa noche- una masa informe. En aquellos años, los que llegaban por tren, veían las luces de la ciudad desde la estación de Villa Lanús, apagadas poco después, porque la Usina no proporcionaba alumbrado público sino hasta determinadas horas de la noche.
   Reconstruido el film a 25 años de distancia, los lectores no serán tan severos con la apreciación, por algo de más o de menos,, ni por un error en la configuración de las imágenes que constituyen el humo dormido, como tan bellamente llama Gabriel Miró, a la geografía del recuerdo.
  ¿Cuántos habitantes tenía en abril de 1919 el territorio de Misiones?
  A qué citar cantidades. Ningún libro las tiene exactas. El número de habitantes era desconocido. Poco después se levantó el censo y según éste, Misiones estaba poblada por 65.071 habitantes, de los cuales 42.645 eran argentinos y 20.531 extranjeros predominando los brasileños y paraguayos. En cuanto a la distribución de las agrupaciones humanas se refiere, cabe señalar que la población urbana se encontraba constituida por el 47%, la rural por el 53%, la argentina por el 65,5 % y la extranjera por el 34,5 %. Como dato ilustrativo de crecimiento urbano en el país señalo que en 1938 nuestra población estaba en un 74% en las ciudades y que en la Capital Federal  vivían en 1943 el 28% de los habitantes que hay en la Argentina
    En 1919 las escuelas –en su inmensa mayoría infantiles- eran 84, las municipalidades 7,  la vialidad se encontraba en muy precarias condiciones, pues los principales arroyos carecían de puentes y se debía utilizar balsas: el cultivo de la yerba mate abarcaba 331 has. Con 269.817 plantas, la producción tabacalera menos de 3.000 Has. Y arrocera cerca de 2.500. En 1925, la población casi se duplica. Misiones cuenta con 107.029 habitantes. Lo que ocurre con la población, ocurre con su desenvolvimiento agrícola. El cultivo de yerba mate alcanza a 20.450 Has.  en las cuales habían sido colocadas más de veinte millones de plantas que produjeron una cosecha de 11 millones de kg. de yerba lista para el consumo. Lo mismo sucede con el cultivo del tabaco y el arroz: 4.168 y 1941 has. respectivamente.
   En lo que a escuelas se refiere, si en 1919 eran 84 se acercan en 1925 a 150. Como un índice anoto que en 1925 los bachilleres qué se recibieron fueron 8. Los primeros egresados datan de 1921, y el reducido número de graduados evidencia el poco interés demostrado por tales estudios. Como punto de referencia vale tener presente que la Escuela Nº 1 de Territorio fue inaugurada en 1887, vale decir, casi al finalizar el siglo XIX.
¿Todo sigue este mismo ritmo de progreso? No. por lo pronto las Municipalidades apenas aumentan. De las 7 comunas que había en 1919 hay que agregar una solamente: la de San Javier.
   Detengámonos en la vida de Misiones del año 1934 y que fue el año de mi alejamiento. La población es de 143.963 habitantes, tal vez nadie recuerde que en 1879, cuando Misiones integraba el patrimonio geográfico de Corrientes sus habitantes eran 12.640y que en 1901, veinte años después de la federalización, alcanzaban a 32.271.
   En 1934 Misiones cambia nuevamente el tono de su voz económica. Las cifras de su producción han sido elevadas a una potencia muy pocas veces alcanzadas por otros territorios. Solo Chaco puede compararse en este aspecto cuantitativo de su evolución.
   Con una población que se aproxima a los 205.000 habitantes; con un hombre medio que es de los mejores con que cuenta el país; con 1400 maestros (uno por cada ciento cuarenta y dos habitantes) que trabajan en silencio y sin prisa, conscientes de su verdadera misión; con un elemento joven que sabe “beber lejanías y apurar horizontes” y que en las universidades argentinas se destaca por sus iniciativas y por sus condiciones de estudioso, ¿cómo no vamos todos a sentirnos convencidos de que los hijos de Misiones administrarán la cosa pública a verdad sabida y buen fe guardada.
   Es cierto, Misiones debe crecer verticalmente, cambiar el tono de su voz política. Y quien debe notificarse de esto antes que nadie es su cuerpo de profesores, porque hasta que las aulas universitarias no aparezcan, tendrá que hacer suyas aquellas funciones que he señalado para los cuerpos docentes de tales casas de estudio”
   Y si cada uno ocupa el lugar que le corresponde, Misiones, con un pueblo magníficamente dotado como el que habita y trabaja su suelo, será el mejor testimonio de lo que es posible hacer cuando se distribuye con acierto el tiempo-trabajo y el tiempo-descanso”.
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Categorías: Columnas de Opinión

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