verimgTras largos días de estudio y perseverancia, dos jóvenes misioneros fueron seleccionados para cursar Ingeniería Nuclear en el Instituto Balseiro de San Carlos de Bariloche. Se trata de Norberto Schmit Wdoviak y Jonathan Ayala, ambos estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la UNaM.
Por un lado, Jonathan tiene 20 años, nació en San Vicente y desde pequeño siempre tuvo la curiosidad de conocer cómo funcionan las cosas. Cursó la secundaria en su ciudad natal y luego eligió continuar su formación universitaria en Oberá. “Ser parte del Balseiro es una oportunidad y un sueño que hacía mucho tiempo lo venía construyendo. Es todo un desafío estudiar en una de las mejores instituciones que tiene el país”, dice Jonathan.
Por el otro, Norberto cursó la secundaria en el Liceo Storni de Posadas, donde ganó un premio como mejor promedio de la Armada Argentina y, más tarde, siguió su formación académica también en Oberá. “Mi perspectiva es aprender lo máximo posible, poder estar a la altura de esa prestigiosa institución, poder tener acceso a los conocimiento que impartirán profesores especializados”, expresa el muchacho.
El próximo 25 de julio, gracias a una beca financiada por el Estado, los jóvenes comenzarán las clases en el internado de Bariloche y, durante tres años, tendrán que cumplir con un sistema muy estricto y exigente de la cursada.
Es la primera vez en varios años que vuelven a ingresar misioneros al Balseiro, ya que en 2012 fue la última vez que ingresó un coterráneo.

La preparación
En 2013, Norberto fue condecorado en su acto de graduación del Liceo Naval Militar Almirante Storni, con el mejor promedio de la Armada Argentina. Y ese mismo año ganó una beca y pudo viajar a conocer el Balseiro por una semana: “Me enamoré del lugar. Era todo un ambiente que te incitaba a seguir aprendiendo y creciendo. Me quedó picando el bichito de la ingeniería nuclear, fue como un desafío que me puse”.
Al año siguiente, ya en la facultad, como premio por ser el mejor promedio, ganó un viaje en la Fragata Libertad durante cuatro meses navegando y conociendo lugares como México, Cuba, Venezuela, Brasil, Ushuaia, Chile, Uruguay y Mar del Plata. “Cada vez que parábamos en los puertos, hacíamos actividades para conocer el lugar. Estando a bordo se hacían actividades relativas a la navegación y se tomaban clases junto a la escuela naval. Fue una experiencia única en mi vida”, recordó.
Al retornar a Oberá, con la ayuda de los profesores, Norberto continuó con su formación en la Unam y tuvo que rendir libres algunas materias o cursar adelantado para no perder el cuatrimestre.
Para poder ingresar al Instituto Balseiro, Norberto y Jonathan tenían que tener los dos primeros años de alguna ingeniería aprobados. Tras dos meses de preparación en matemática y física, en mayo de este año, ambos aprobaron el examen de ingreso y luego tuvieron una entrevista personal en Buenos Aires. Hace una semana, la institución les compartió la grata y feliz noticia de que quedaron seleccionados.
Por qué energía nuclear
Sobre la elección de la carrera, Jonathan señala: “La ingeniería nuclear tiene todo lo que pueda tener una ingeniería y un poco más. Me interesó la física y la matemática aplicada, la gran posibilidad de experimentación y la resolución de problemas que se dan ese ámbito”.
Según cuenta Norberto, Argentina es uno de principales países en el desarrollo de energía nuclear en Sudamérica, ya que cuenta con centrales nucleares de producción. “Una vez egresado, me interesa poder quedarme a trabajar y devolver a nuestro país todo lo que nos dieron, y poder aumentar el nivel de ingeniería nuclear, para tener mejor energía, mejor acceso a la electricidad”, sostiene el joven.
Palabras de aliento
Ambos estudiantes coincidieron en calificar a la Facultad de Ingeniería de Oberá con un excelente nivel académico. “Creo que está sexta en las mejores facultades del país. Vos no sos un número en esta facultad; al ser pocos chicos, los profesores casi te llevan de la mano y tienen en cuenta tu situación personal. Siempre estuvieron dispuestos a darnos una mano cuando necesitábamos. En el Balseiro se da algo parecido, ellos quieren que puedas cumplir el sueño, entonces te dan todas las herramientas”, cuenta Norberto.
Tras cursar los tres años de la beca, los jóvenes anhelan continuar con su formación académica y realizar algún posgrado. “Si se dan las condiciones políticas o económicas, sin dudar volvería a Misiones, pero también hay expectativas en la posibilidad de viajar por otros lugares y seguir creciendo profesionalmente”, dice Jonathan.
Con el deseo de transmitir palabras de aliento para otros jóvenes que desean ingresar al Balseiro o cumplir un sueño, Norberto reflexiona: “Le diría a los jóvenes que nunca dejen de soñar. Las cosas grandes implican sacrificios, quizás privarte de no salir una noche con tus amigos o un asado en familia, pero te enaltece lograr y conseguir lo que tanto soñaste. Es cuestión de animarse y salir adelante”.
Ansioso por comenzar el gran desafío en la otra punta del país, su compañero expresa: “Recién empieza lo divertido, ahora vamos a descubrir lo que podemos llegar a aprender en la carrera y así devolver un poco al país, que está demandando mucho para el desarrollo nuclear”.

Becas para el nivel medio

Desde 2002 y de forma anual, el Instituto Balseiro realiza un concurso nacional de monografías sobre una temática en particular. El premio consiste en hasta quince becas para alumnos y dos becas para profesores de distintas provincias de Argentina, que realizan una estadía de una semana de duración en las instalaciones del Balseiro y del Centro Atómico Bariloche. Las becas cubren los gastos de traslado, alojamiento y alimentación. Durante su estadía, los estudiantes y docentes realizan experimentos, visitan laboratorios y asisten a seminarios. El tema de este año es “Errar es humano: Caminos posibles hacia un descubrimiento científico”. La inscripción está abierta hasta el 21 de junio. Ingresar a este link para más información: www.ib.edu.ar/becaib.

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