Peleándole al monte, se fue pergeñando el Yerbal Viejo que aparece así como el oasis redentor de tantas ansiedades y de tantas ilusiones entroncadas en la vieja raíz que los vio nacer y que, un buen día los despidió en la zozobra de un incierto porvenir.
   Y aquí llegaron, aquí sufrieron, aquí amaron, aquí se prolongaron en sus hijos y a la vuelta del camino, cuando llega la hora del recuerdo esas primeras lágrimas derramadas ante la supuesta impotencia de vencer a la indómita maraña, se transforman en un cariñoso recuerdo de esta tierra que los recibió sin preguntarles de donde venían ni porque lo hacían, brindándose generosa a sus requerimientos y haciéndolos partícipes de un  progreso personal que contribuyó a forjar el progreso comunitario de la región.
    Aquellos inmigrantes, trabajando codo a codo con los otros pobladores, fueron comprobando que la paz y la libertad, así como las posibilidades de la realización personal, eran atributos de esta joven América que, en el juego lógico del devenir de los pueblos, comenzaba a levantarse prometedora ante la vieja tierra que en aquellos tiempos, mostrando progresos indudables, también había desnudado falencias que provocaban el escape de su gente en busca de horizontes promisorios.
    Y así fueron adentrándose en la vida argentina a través de la escuela que pasó a ser el centro de irradiación nacional que encontró en el extranjero un cooperador excelente.
   Hijos de esta tierra de promisión, sus hijos y los hijos de sus hijos, nacidos argentinos con profunda convicción, dejaron en el recuerdo la epopeya colonizadora y aquellas viejas raíces que le dieron la existencia, pero en sus corazones perdura el cariño y el reconocimiento por el rostro ajado y patriarcal de aquel inmigrante que en su juventud azarosa les forjó el destino sudamericano y al que se le iluminaba el rostro hablándoles de su patria.
    Y así, los argentinos lugareños, a través de la Fiesta Nacional del Inmigrante –la mayor Fiesta obereña y provincial- disfrutan la nacionalidad de sus mayores, atesorada en las colectividades y se transportarán imaginariamente a otras tierras, algunas muy lejanas, adivinando sus suelos que muchos aún no conocen, acompañados de la mano por los pocos inmigrantes que aún perduran y que serán, por tal motivo, el testimonio viviente de esa epopeya colonizadora que va adquiriendo con el tiempo ribetes de leyenda.
     En este aniversario de la fundación de nuestra querida ciudad, queremos brindar nuestro homenaje al inmigrante colonizador que, al fin de cuentas, fue uno de los mayores protagonistas para que este Oberá sea lo que es hoy, una ciudad con su idiosincrasia muy particular en el juego de las poblaciones provinciales, con ésta su gente dispuesta a protagonizar presente para aquilatar futuro y con un entramado social en el que se han conjugado nacionalidades de allá con ésta, nuestra nacionalidad, para ir conformando una identidad que será a la postre el resultado del encuentro en su suelo de tantas corrientes poblacionales.
    De nuestro libro “Un lugar llamado Yerbal Viejo” que memora la colonización hemos reproducido los párrafos de literatura enmarcada en la epopeya colonizadora que inician esta nota, párrafos que, como los que siguen más adelante corresponden al segundo capítulo de la segunda parte del trabajo histórico, haciendo una salvedad y es que no podemos transcribir, por razones de espacio, los muchos testimonios de pioneros de las distintas colectividades, testimonios que, verdaderamente, enriquecen nuestro conocimiento de lo que fue esta colonización atípica, realizada por iniciativa propia, sin apoyos de ninguna clase y sin compañías que hayan dispuesto la colonización, pero sí brindaremos unos párrafos de estas entrevistas-confesiones para que usted también las disfrute la aventura inmigrante.
    “Atrás han tenido que dejar todo y partir hacia la aventura. Con estos testimonios personales, pretendemos mostrar las tantas y tantas situaciones similares que han tenido que vivir los inmigrantes que, pensando unos escapar de situaciones límite en sus respectivos países, otros tentados por la propaganda colonizadora sudamericana, y los menos, con la idea de “hacerse la América”, tuvieron que pasar por las mayores dificultades en despareja lucha contra el nuevo agreste entorno, teniendo como única herramienta la fuerza de sus brazos y una tenaz esperanza y fe en la empresa que acometieron.
     “Quienes así lo hicieron obtuvieron finalmente la recompensa de un final feliz de ese su sueño que les permitió ingresar al portal de una nueva vida y a disfrutar de su nueva tierra domada a brazo partido atesorando recuerdos prendidos muy adentro.
      “Más allá de la palabra del escritor, de la palabra del historiador o de la palabra del cronista, hemos creído necesario –como lo hicimos en varias ocasiones en ese trabajo- dar paso a la palabra de hombres y mujeres que vivieron la epopeya colonizadora y que, con su testimonio, nos permiten participar de aquellos momentos que pretendemos conocer en profundidad.
    La joven historia de Yerbal Viejo- Oberá y nuestros desvelos por obtenerlos hizo posible lograrlo.
       “Estos testimonios, en buena parte fueron recogidos de entrevistas que realizamos en Pregón Misionero y otras que son el producto de aportes bibliográficos y particulares.”
     Las entrevistas reproducidas en ese texto corresponden a inmigrantes de las colectividades: sueca: David Hedman “En ese tiempo para poder entrar a la Argentina bastaba con decir que queríamos entrar para vivir, y el lugar donde se quería llegar y no había ninguna traba. Con esto quiero señalar que llegamos a un país tranquilo”.  (David Hedman); italiana, “En 1926 llega Don Ángelo Sartori, el primer constructor de la zona, viene acompañado por dos italianos de profesión albañiles, originarios como él del Friuli: Giuseppe Tumulero y Giuseppe del Santo, quienes lo ayudaran en la primera “fábrica de ladrillos” que Sartori abrirá en Oberá y también en todos los trabajos de albañilería que empezara a realizar…” (Teresa Morchio de Passalacqua);  suiza: Egon Lutz:, “No es de extrañar que circularan folletitos contando bondades existentes en otras partes del mundo. Y en uno de aquellos folletitos aparecía la Argentina y la quimera del oro verde misionero. Ese seria, como una especie de sortilegio, la causa de la partida de las familias suizas a Yerbal Viejo; árabe: Fued Chemes “Curioso resulta conocer la causa que determinó la venida de Fidel, en efecto, un bastonazo de su hermano mayor fue el determinante aunque también influyó el afán de independizarse y coronar su trabajo iniciado con una valija por las calles a la edad de 14 años, como todos los de esta raza en un comienzo;  polaca: …” ( Francisco Tarapata en el recuerdo de Román Krawczyk): “Su primer morada, un rancho con pindó. Una noche siente que algo le mueve las paredes. Aviva el fuego y sale con la escopeta, alcanzando a divisar un tigre que huye asustado. En 1934, una manga de langostas arrasa con todo lo plantado, por falta de alimento se le mueren 40 cerdos. Se recupera del desastre, vuelve a insistir con la cría de cerdos, llega a tener 100, pero otra manga de langostas, esta vez en el año 1948 lo deja en la miseria, hay que volver a empezar;  ucraniana: Emiliano Mielnik “Esos primeros tiempos fueron difíciles (ahora interviene la abuela) hemos comido pan de maíz por el término de un año y medio, casi dos (dice pensando), y recién después de esto hemos podido mezclar la harina de maíz con la de trigo. Antes no teníamos medios, como nos los tenía ninguno de los inmigrantes de la zona. Y sin embargo estábamos todos sanos, no se conocía médico, como así tampoco enfermedad, la primer enfermedad que conocimos después de unos siete años, fue el sarampión…; española: Pilar Calpe Vda. de Clade “No teníamos nada para comer, vivíamos en una carpa, el tigre pasaba alrededor nuestro por las noches, el fuego hacia que se aleje, pero no teníamos nada. ¿Qué como vivíamos? Teníamos que ir a lo que hoy es Alem, pero no teníamos ni podíamos pensar en caballos, así que era cuestión de entrar en el monte y tratar de llegar para conseguir algo de comer. Aquí no había nada…; alemana: “La primer entrega de alemanes a esta región se produjo en 1919, los nombres de Flieger, Wendlinger, Schlehujuver y Lohr, son recordados especialmente. Los primeros se radicaron en el paraje conocido como Arroyo Lata, junto a lo que hoy es el barrio Cien Hectáreas…”,  y en sus relatos se puede apreciar desde el viaje en barco, Atlántico de por medio, pasando por las dificultades y estrecheces que tuvieron que sufrir, las diversiones, su roce con los animales de la selva, la relación con los guaraníes, hasta el balance de una vida inmigrante en plena tierra colorada.
   ¿Suficiente?… ¡para nada! Esta colonización enerva el ánimo del escritor y del poeta, sin  duda aquellos recuerdos seguirán señalándose en todo tiempo histórico obereño.
Aldo Rubén Gil Navarro – Periodista – Historiador – Escritor
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Categorías: Columnas de Opinión

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